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Actualizado el: 5 marzo, 2021 - 9:04 PM (-04:00)

“La próxima gran batalla en la que se sabrá si la oposición será capaz de derrocar al gobierno, después de dieciséis años consecutivos en el poder, tiene fecha: 17 de mayo del 2020”

Por Eddy Olivares Ortega / SUFRAGIO
El ex presidente Leonel Fernández Reyna había implementado exitosamente, como Julio César en Roma, la máxima divide et impera. A causa de esto, su antiguo archirrival, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), ya atravesaba por su peor división.  Fue entonces cuando, de manera desafiante, en ocasión de la celebración del 40 aniversario de la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el 15 de diciembre de 2013, se atrevió a vaticinar que esa organización permanecería en el poder, ininterrumpidamente, hasta la conmemoración del bicentenario de la fundación de la República Dominicana en el año 2044.

La proclamación de la eternización del PLD en el poder, como partido hegemónico, debió ser la chispa que encendiera, desde ese momento, la lucha, sin descanso, de la oposición por la alternabilidad democrática.

A pesar de que la figura de la oposición se ha manifestado como la otra ala de la democracia, desde la antigüedad, en Grecia y en Roma, tal y como ha acontecido modernamente, muchos regímenes se esfuerzan por anularla de modo absoluto.

Como una muestra del indispensable rol que juegan en la democracia los adversarios de los gobernantes, el politólogo Gianfranco Pasquino, en su conocida obra La oposición, sostiene “que la calidad de una democracia no depende solo de la virtud de su gobierno o de la interacción del gobierno con la oposición, sino, de modo muy especial, de la capacidad de esta última.  Una oposición bien pertrechada mejora la calidad de la democracia, incluso cuando no consigue llegar al gobierno pero persiste en optar a él a través de su actividad de control y de dirección, de propuesta y de crítica”.

Por su lado, en el Diccionario de Política de Bobbio, Matteucci y Pasquino, el politólogo Giampaolo Zucchini define la oposición como “la unión de personas o grupos que persiguen fines contrapuestos a aquellos individualizados y perseguidos por el grupo o por los grupos que detentan el poder económico o político o que institucionalmente se reconocen como autoridades políticas, económicas y sociales respecto de los cuales los grupos de o. hacen resistencia sirviéndose de métodos y medios constitucionales legalistas o ilegales”.

De la citada definición se desprende que en los actuales momentos el principal partido de la oposición, el Revolucionario Moderno (PRM), apenas está empezando a hacer conciencia de su papel de opositor.  En ese sentido, la oposición debe ser construida firmemente, desde ahora, sobre la base de la escogencia de órganos electorales fiables y la aprobación de normas políticas efectivas, que la liberen de obstáculos en su lucha por el poder.

Sin importar que sea en las calles o en el Congreso Nacional, la oposición está en la obligación de enfrentar la mala gobernanza, acompañando al pueblo, cada día, en la defensa del interés nacional. No puede ser, por ejemplo, cómplice del endeudamiento que hipoteca el destino de nuestras futuras generaciones. En ese contexto, a decir de Pasquino, la oposición no debe renunciar nunca a ser dura e inflexible, constructiva e intransigente, crítica y conciliadora o propositiva y reactiva.

Mientras tanto, la hipótesis leonelista sobre la posibilidad de que su partido se mantenga en el poder por los siguientes veintiochos años, sin mayores dificultades, se ha venido cumpliendo desde su planteamiento.  Sin embargo, la próxima gran batalla en la que se sabrá si la oposición será capaz de derrocar al gobierno, después de dieciséis años consecutivos en el poder, tiene fecha: 17 de mayo del 2020.

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