
Por José Manuel Antigua Cabrera
n el Municipio de Santo Domingo Este República Dominicana, hay un sector llamado San José de Mendoza que aparece en los libros de historia. Se destaca en el acontecimiento de la Rebelión de Mojarra y Mendoza en los tiempos de la España Boba y los inicios de ése poblado señalizado por una cruz iniciando su territorio.
Los lugareños de Mendoza se caracterizan por sus costumbres religiosas y mitos. En estos tipos de sociedades siempre se hablan de Brujos y Vacases.
Los padres les inculcaban a sus hijos, que a las 12 del mediodía el Vacá salía por los caminos y cañaverales y que podían ser devorados por ese ser creado por el Diablo a través de pactos con el Hombre.
Eso se transmitía por generaciones y hasta entendían creer verlo.
Una vez, Pedro cuando era Pedrito, escuchó de sus padres el Vacá que andaba suelto y que había que cerrar las puertas y ventanas y que nadie debía estar afuera.
Ese día fue de pánico.
Dijo Pedro, que esa noche cenaron yuca con té de Jengibre porque lo tenían en el tejado de la casa, pues, no querían ni abrir las puertas.
Como a la medianoche se escuchan unos pasos fuertes y un resuello rozando por el seto de madera de la frívola casa que era como una fortaleza.
Pedrito estaba asustado mientras veía a sus padres quietos y sin inmutarse, que tan solo le decía al pequeño Pedrito, no salgas…
El joven niño lleno de miedo no resiste a la curiosidad como niño al fin se asoma por la abertura de una rendija del seto y ve la silueta de un ser con cuernos que se perdía por los arbustos de espalda a la luna.
¿Al otro día despiertan a Pedrito para ir a la escuela y él le pregunta a su madre el por qué tiene que ir a la escuela si el Vacá está suelto? La madre le dijo que ya lo agarraron.
Y así se fue Pedrito a su escuela primaria los Alifonsos desde el sector San Miguel de Mendoza.
Les contó a sus amigos de la escuela, que logró ver el Vacá, a los que sus amiguitos se impresionaron.
Así creció Pedro creyendo en los Vacá.
Los padres de Pedro a lo mejor no le explicaron lo que los adultos sabían.
En el sector de Mendoza aún en estos días, hay un matadero y cuando algunos Toros eran conducidos por el trillo hacia el sacrificio, algunos se escapaban. Y por causa extraña, el instinto del animal trataba de sobrevivir como que supiera su destino y brincaban por el cerco y escapaban por los montes y poblados como bestia furiosa.
Los lugareños y conuqueros de la zona, trataban de asegurarse, porque los Toros que se escapaban no les tenían piedad a los humanos.
Los funcionarios del matadero daban recompensas si lograban atrapar los Toros Bravos escapados.
Aún quedan los testimonios de Hombres que enfrentaban a esos Toros que quedaron como leyendas. Ellos quedaron en la historia del pueblo como hombres guapos y que luego les era fácil conquistar mujeres por sus atributos.
En esos tiempos, los Vacá jugaban un papel disciplinario. Los padres enseñaban a sus hijos a estar en sus casas a las 12 del mediodía, ya que los vecinos, se suponía que estaban almorzando en sus casas a esa hora y los muchachos que estuvieran en casa ajena a esa hora, se ganaban fácilmente el mote de velones y eso era una vergüenza para sus padres. Lo del Vacá a las 12 del mediodía, era un mito educativo.
