Luis Alberto Tejeda frente a sus invernaderos en Constanza

Otra faceta de Luis Alberto Tejeda: exitoso sembrador de ajíes, papas, tomates y pepinos, entre otros rubros + Fotos

Por Robert Vargas
Poco a poco he conocido otras facetas en la vida productiva del ahora diputado peledeísta Luis Alberto Tejeda. Aunque yo conocía que él tenía inversiones en la agropecuaria, nunca había visto “de ahí ahí” qué tanto estaba integrado esa área productiva.

Hace poco más de una semana lo acompañé en un corto viaje al valle de Constanza, en la Cordillera Central, a más de 1200 metros sobre el nivel  del mar.

Él fue a visitar ese día su enorme finca en la que produce pimientos (ajíes morrones); tomates, pepinos, papas y otros rubros en cantidades industriales con técnicas avanzadas en invernaderos.

En la comitiva estaban, además, Luis Manuel, su colaboardor político; y Juan Núñez, su socio empresarial y amigo personal y el chófer.

Salimos temprano de Santo Domingo Este, antes de que comenzaran los clásicos tapones. Y llegamos temprano abordo de su poderoso todoterreno, que se deslizó suavemente por la multitud de curvas ascendentes por la carretera que conecta a Constanza con la autopista Duarte.

En algún momento, durante el trayecto, todos bajamos los cristales laterales para respirar el aire puro de la montaña, pero la temperatura estaba tan baja que minutos después fue necesario subirlos de nuevo. Luis Manuel parecía que temblaría por el frío.

En ese momento no dije nada, pero creí que había cometido un error al ir vestido solo con unos zapatos tenis, pantalón corto y una camiseta.

“No podré salir del vehiculo mucho tiempo. No llevo abrigo”, pensé.

Sin embargo, al llegar al pueblo la temperatura cambió por completo y el ambiente era impresionante. Nada de frío. Nada de calor.

Luis Alberto Tejeda

Entonces el vehiculo avanzó lentamente en medio de ese valle de belleza espectacular, rodeado por montañas, donde hasta los patios de las viviendas son sembradíos de distintos rubros agropecuarios, hasta llegar a Tireo, una comunidad agricola donde la tierra es increíblemente fertil.

Mientras avanzamos hacia nuestro destino, observé que había construcciones de viviendas de buen valor económico y, detrás de ellas, más sembradíos, invernaderos artesanales incluidos, y otros a cielo abierto.

Continuamos por una estrecha callejuela polvorienta hasta llegar al final, donde una extensa  cerca perimetral rodeaba una finca, en la que, a primera vista, no se veía ni una sola planta de nada, a no ser un pequeño jardin hecho por la esposa de Juan Núñez y un árbol frente a una preciosa cabaña al más típico estilo del Oeste norteamericano, que ha sido dotado de un mobiliario reciclado, y que es deliciosamente acogedor, con un horno de leña para generar calor cuando las temperaturas descienden más de lo que acostumbran a soportar los dominicanos.

Luis Alberto Tejeda y su socio y amigo Juan Núñez

Solo un empleado salió a recibir a los recién llegados. Otros estaban en un área de la plantación preparando el terreno para sembrarlo de patatas.

Un perrito pareció reconocer a Luis Alberto y se le aproximó alegre mientras movía el rabo a uno y otro lado.

Todos subimos al segundo piso de la cabaña y, una vez allí, a Luis Alberto le cambió el rostro al observar lo que tenía en frente y a su derecha.

Los ojos tomaron un brillo especial que mostraba su satisfacción y desde abajo de las incipientes barba se le notaba claramente la sonrisa.  Se le percibía feliz y contento.

No era para menos.

Once años atrás le prestó atención a un amigo que le acosejó invertir en las tierras de Constanza y orientarse hacia el cultivo en invernaderos.

Y así lo hizo.

Pero no se fue “con toda la sed a la tinaja”, sino que actuó con cautela. Compró tierras en abundancia y luego un poco más y allá, al fondo a la derecha, construyó un invernadero artesanal, para evaluar qué tan rentable podría ser el negocio.

Pasado algún tiempo, se dio cuenta de que el negocio era bueno, rentable, y buscó financiamiento en el Banco Agrícola para invertir en invernaderos industriales.

Importó todos los materiales para la construcción de los invernaderos.

Antes de hacerlo, se fue a correr mundo a buscar mercados para lo que se proponía producir. No se trataba de una aventura, sino de un proyecto empresarial de verdad.

Así, Luis Alberto me explicó que antes de sembrar la primera semilla de pimientos, papas, pepinos o cualquier otro rubro, ya éste está vendido en el mercado internacional. No hay nada al azar.

Luis Alberto muestra los pimientos

De esos invernaderos saca furgones y más furgones cargados de sus productos todos rumbo a la exportación.

Sus invernaderos están certificados y continuamente monitoreados por las entidades oficiales del ramo para garantizar que su producción sea de óptima calidad.

En esos invernaderos, no cae una sola gota de lluvia ni penetra el aire a su antojo.

Todo está controlado al mínimo detalle para evitar el ingreso de plagas

Si casualmente entra algún insecto, hay colocadas “trampas” en lugares estratégicos para “atraparlos” y, tan pronto se encuentra uno de esos “bichos”, se procede a fumigar toda el área puesto que uno solo puede dañar la plantación completa de una nave, que tiene decenas de miles de plantas.

También está bajo control la temperatura y la cantidad exacta de alimentos que debe llegar  a cada una de las plantas.

Luis Alberto habla con las plantas

Cinthia, mi esposa, siempre me dice que ella habla con las plantas de su jardin. Yo creía que ella me lo decía “relajando”. 

Sin embargo, tras esta visita a la plantación en Tireo, ví a Luis Alberto “hablando” con varias plantas de ajíes morrones. 

Él las observó detenidamente.

Yo, intrigado, lo observé a él.

Estaba “hablando” con ellas.

-“¡Glú!”, tragué en seco.

-“¿Qué te dijo esa mata de ajíes?”, le pregunté.

-“Que ella está bien alimentada, los nutientes suministrados son los correctos y que le están suministrando suficiente agua, además de que la temperatura es la correcta….” y continuó.

Sus hojas tenían un verde impecable y los pimientos estaban saludables y brillantes.

Cuando terminó de “hablar” con esa planta de ajíes morrones, miró hacia su derecha donde otra planta le estaba “gritando”.

Ella “le dijo”, según me explicó Luis Alberto, que se entía “estresada”.

-¿Cómo te lo dijo?”, le pregunté.

-“¡Oh!, miralo ahí”, me respondió.

Efectivamente, la planta se veía “estresada”.

Luis Alberto le reclamó a la técnico que le acompañaba que le explicara los motivos del “estres” de esa planta.

La técnico la observó y explicó:

-“Lo que sucede es que esta planta está muy pegada de estas otras y es ne cesario levantarle las hojas, para que tenga más espacio y pueda respirar mejor”.

Ella le despegó las plantas de al lado y la amarró con una cuerda.

-“Robert, las plantas son como niños. Ellas dicen cuando se sienten bien o cuando están estresadas, o si estan enfermas para que les demos sus medicina o sus alimentoss”, me comentó Luis Alberto.

Para mí, una persona del asfalto, era impresionante lo que estaba viendo y aprendiendo.

¿Cuánto tiempo tarda en dar su primera cosecha cada mata de ajíes morrones con ese sistema?

Se lo pregunté a Luis Alberto y él, con un conocimiento y dominio pleno del negocio, me habló de la preparación de las “camas”, que es donde se siembran las semillas, la “alimentación” preparación de los nutrientes y otros temas relacionados, para concluir informandome de que la primera cosecha se produce a los tres meses, pero cada planta dura hasta siete meses pariendo, lo que significa que las ganancias son abundantes, sobre todo si se mantienen los controles sanitarios y la alimentación es la correcta.

Para él esto es muy importante puesto que, antes de sembrar la primera semilla, ya la producción completa está vendida bajo contrato al mercado internacional.

Al producir con criterios científicos y mercadearlo de manera correcta, las ganancias están garantizadas.

Esto explica el hecho de que ya esté en camino una buena cantidad de materiales importados para él construir más invernaderos.

Es un tipo con visión.

Atrevido.

Capaz y audáz.

Después de conversar dentro de uno de los invernaderos que están en sus primeras cosechas, pasamos a otro en el que la plantación de pepinos había agotado su vida útil y solo espera ser limpiada y preparada para volver a ser sembrada.

¿Cuáles son los mejores pepinos para la venta en el mercado internacional? ¿Los grandes o los pequeños?

Para mí la respuesta fue una verdadera sorpresa.

Yo creía que los más apetecidos en el mercado internacional eran aquellos pepinos grandes.

Me dejó boquiabierto cuando me explicó que en el mercado internacional, al que él orienta su producción, los pepinos de gran tamaño no los quieren.

Los deseados son pequeños, “porque tienen más nutrientes y mejor sabor”.

Su sueño

Como Luis Alberto tiene bastante terreno en Tireo, él se propone construir en lo alto de una colina de su propiedad algunas cabañas para propiciar el turismo ecológico.

Mientras ese sueño se materializa, y no hay que dudar que lo hará realidad, él sigue llenando furgones de pimientos, tomates, pepinos, patatas y otros productos para venderlos en el mercado internacional con contratos garantizados antes de sembrar la primera semilla.

En pocas palabras, Luis Alberto sabe aprovechar la ciencia, la tecnología y su conocimiento del mercado.

Por algo es un triunfador.

 

 

 

 

 

 

Vea también

Parece que Luis Alberto Tejeda se decide a correr por la alcaldía de SDE

Por Robert Vargas En las redes sociales ha aparecido este martes un cartel propagandístico en …

Aquí está una parte del secreto del éxito político de Luis Alberto Tejeda

Por Robert Vargas Nadie en su sano juicio puede negar que Luis Alberto Tejeda ha …

Comentarios: