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«Perdiendo el Norte: Una Ciudadanía Desorientada en la República Dominicana de Abinader»

Por Carlos Rodríguez
En la República Dominicana de hoy, la población se encuentra atrapada en un laberinto de incertidumbre política y económica. Muchos jóvenes, desilusionados por las prácticas de ver préstamos 💵 y corrupción que se han vuelto norma, miran la política con distancia , prefiriendo la inacción al voto. La falta de ideologías sólidas, o que se fije el rumbo y el constante vaivén de los mismos actores políticos alimentan un clima de desconfianza. Tal como afirmó Juan Bosch: “La política es el arte de dirigir la vida en sociedad”, y en esta dirección, debemos preguntarnos: ¿quién realmente está dirigiendo nuestra vida en comunidad?

Los escándalos y la mala gestión son testigos de un gobierno que ha fallado en cumplir con sus responsabilidades. Abinader, con su discurso en los que en algunas ocasiones a citado a don Juan , parece haber olvidado las enseñanzas dejadas por Bosch sobre el patriotismo y la moral en la política. En lugar de buscar el bienestar colectivo, muchos de sus funcionarios parecen obsesionados con su propio interés. Este fenómeno ha propiciado un «país de chercha», donde el bienestar de la nación se sacrifica en el altar del beneficio individual, y donde la lucha por la justicia se ve como una actividad para “locos”, como hubiera dicho Bosch, cuando debería ser el motor de nuestra sociedad.

Mientras la desigualdad se agranda y los servicios básicos como la salud y la educación continúan deteriorándose, la división en la sociedad se vuelve palpable. Dos realidades coexisten: una que ignora el sufrimiento ajeno y otra que clama por justicia y equidad. En este ambiente, el descontento crece, y la frase «todo vale» ya no resuena con la misma fuerza, ya que cada vez más ciudadanos se atreven a cuestionar la moralidad de un sistema que premia a los corruptos y desatiende a los más desfavorecidos. Bosch ya lo advertía: “La verdad no tiene más que un camino”, y ese camino es el que debemos retomar hacia un futuro más justo.

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La población dominicana, cansada de ser un escenario de maniobras políticas sin sentido, busca un rumbo claro en medio del caos. Es imperativo que aquellos que aspiran a liderar la nación se conviertan en verdaderos representantes de los intereses del pueblo, en lugar de ser meros títeres de un proceso electoral que parece eterno. Como Bosch solía insistir, «La revolución no es más que una búsqueda de valores» y, en este sentido, es hora de que el pueblo exija a sus gobernantes una revolución moral que transforme el desinterés en participación activa y auténtica en la política, alimentando así la esperanza de un futuro mejor para todos.

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