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Ruidosos y alborotadores intranquilizan con sus «teteos» a la población en SDE y tienden a poner de rodillas a las autoridades

Por Robert Vargas
Con la permisividad y la apertura económica auspiciada desde el Poder Ejecutivo, grupos de alborotadores y ruidosos se han dedicado a intranquilizar a la población durante los fines de semana, mientras abiertamente desafían a las autoridades, a las que tienden a poner de rodillas en Santo Domingo Este.

Prácticamente en cada barrio existe un lugar, generalmente alrededor de un «drink» o un «colmadón», donde los alborotadores se reúnen para escandalizar, ingerir bebidas alcohólicas y consumir otras sustancias alucinógenas que convierten esos escenarios en explosivos.

La agresividad y disposición para pasar a la violencia directa contra los vecinos que rechazan sus acciones es tan elevada, que estos últimos prefieren refugiarse en sus hogares ante la aparente incapacidad o desgano de las autoridades para prevenir el surgimiento de esos focos de agresiones sónicas.

La impresión que tiende a generalizarse es de que existiría complicidad entre comandantes policiales y los dueños de negocios alrededor de los cuales se forman los denominados «teteos» o que, simplemente, los protagonistas de estos desórdenes, por su masiva presencia, logran inmovilizar a las fuerzas de seguridad.
Estas fuerzas aparentan que son contenidas en su labor por órdenes de superiores, ante el temor del impacto que pudieran tener en las redes sociales la publicación de vídeos que los muestren en acción.

Esto implicaría que las autoridades se verían en la necesidad de variar su estrategia y desplegar sus fuerzas en cantidades suficientes y dejar a la vista el poder de fuego para inmovilizar a los ruidosos y alborotadores.

Además, deberían tener a disposición buenas comunicaciones y unidades de acción rápida para acudir a otros lugares donde se generen más desórdenes de este tipo.

Claro está, si no existe en justicia un régimen de consecuencias, las acciones coercitivas y preventivas de la fuerza pública tendría poco efecto.

Mientras tanto, va quedando a la vista que los promotores del desorden, el caos y los ruidos van ganando terreno a las autoridades las que ahora se ven obligadas a reaccionar, en lugar de actuar en forma preventiva.

Incluso, es conocido que en Santo Domingo Este existen barrios que parecen «zonas liberadas» bajo el control de los ruidosos.

El gran reto de las autoridades es garantizar que los buenos, que son la aplastante mayoría, no sean sometidos al terror por los malos, que son apenas un puñado, pero resueltos a lo que sea y con la aparente complicidad de funcionarios policiales.

¿Quién ganará este pleito?

Por ahora, los ruidosos y alborotadores llevan la delantera. Esa es la percepción creciente.

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