Uno delos jóvenes arrestados tras lanzar las heces fecales al edificio del Poder Judicial

Se trató de una acción política la ejecutada por los siete estudiantes de la UASD al lanzar fundas llenas de mi***a

Por Robert Vargas
El Procurador General de la República, Jean Alain Rodríguez, ha tachado de “delincuencial” y “criminal” el lanzamiento de fundas repletas de excrementos contra la sede del Poder Judicial por siete estudiantes universitarios.

Sin embargo, si se observa los detalles, sin ninguna dificultad nos percataremos de que, en el fondo, los siete jovenes ejecutaron  una acción intrépida de alto contenido político, cuyo alcance solo podrá ser valorado en su justa dimensión cuando pasen los años, no ahora.

Ellos pasaron de las palabras a los hechos y arriesgaron lo más valioso que tienen: su libertad y su vida.

No la arriesgaron para atracar a nadie, para arrancarle un celular, sino por un ideal de justicia. Actuaron como jóvenes de verdad.

No actuaron desde un teclado de una PC o de un teléfono inteligente.

No lo hicieron por encargo a cambio de un pica pollo ni de una botella de ron o de cerveza.

Se armaron de valor, llenaron sus fundas con “mi***a”, las metieron en sus mochilas y salieron de sus hogares a “triunfar o morir”. A “casarse con la gloria o a caer derrotados”.

No ocultaron sus rostros debajo de capuchas ni pasamontañas. Actuaron de cara al sol y frente a una multitud de cámaras de televisión y de teléfonos inteligentes que captaron todo lo ocurrido y en pocos minutos el país entero vio lo que hacían estos chicos.

Querían enviar un mensaje claro, directo y franco. Lo lograron, aunque algunos tratan de distorionarlo. Eso es normal.

Se puede o no estar de acuerdo con lo que ellos hicieron. Eso es otra cosa. Pero lo que nadie puede negarle es que tuvieron el valor de actuar conforme a sus convicciones.

Creen que desde la Procuraduría General de la República y desde el Poder Judicial se protege a delincuentes de alto perfil, con poder económico, policial y militar.

Ellos pudieron auto complacerse enviando mensajes por las redes sociales.

No actuaron así, sino que decidieron “tomar el cielo por asalto“, como mejor lo creyeron para enviar el mensaje de que las ideas se deben defender con acciones, no solo con palabras.

Es cierto, un poco de heces fecales manchó la bandera nacional que allí flotaba, pero mirándolo bien, ninguno lanzó contra el lienzo patrio ninguno de sus fétidos proyectíles. Si la bandera sucia de “m…” se conviertió en cuerpo del delito, fue de manera circunstancial.

Resulta peor que muchos delincuentes políticos usen la bandera para ir al Altar de la Patria a depositarle flores a los patricios para asegurarse de que estos esten bien muertos.

¿Actuaron bien o mal?

Los años me dicen que es mejor esperar a que pase el tiempo para que sea este, implacable, quien me diga si ellos tuvieron o no razón para armarse de valor y hacer lo que hicieron.

En la primera mitad del Siglo XIX, un grupo de muchachos decidió formar una organización clandestina, con carácter insurreccional y se prepararon no para lanzar bolsas llenas de excrementos a un edificio, sino para usar las armas.

Fueron perseguidos, tachados de delincuentes y forajidos. A varios de ellos los fusilaron, a otros los desterraron.

Hoy, los dominicanos hablamos con orgullo de ese grupo de “muchachos” y les llamamos “Padres de la Patria”.

Eran los trinitarios que formaron ese partido político insurreccional llamado La Trinitaria.

Fue necesario que el tiempo pasara para que se le reconociera lo que hicieron.

Más temprano, en el Siglo XX, la dictadura de Trujillo tachaba de delincuentes a sus adversarios, a los que arrestaba, torturaba, asesinaba, desaparecía o desterraba.

Para Trujillo y el sector dominante de entonces, los miembros de la Raza Inmortal con su invasión de Maimón, Constanza y Estero Hondo, no eran más que una pandilla de delincuentes.

Hoy, los dominicanos hablan de ellos con orgullo y hasta le cambiaron el nombre a la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre por el de Centro de los Héroes de Maimón, Constanza y Estero Hondo.

Pasado poco más de una década, la prensa nacional, la Policía, y el sector dominante, tachaban de “atracadores” y  “asaltantes” a un grupo de muchachos que habían decidido formar una organización insurreccional para combatir la dictadura ilustrada de Joaquín Balaguer con las armas en las manos.

Al grupo dirigente, cientos de policías y soldados lo rodearon la madrugada del 12 de enero del año 1972 en una casa del kilómetro 14 de la autopista Las Américas.

Esos chicos murieron de cara al sol, con las frentes llenas de estrellas. Dieron la batalla y cayeron solos sin que el pueblo y los dirigentes de la época hicieran nada por defenderlos.

Varias décadas más tarde, esos cuatro muchachos eran reconocidos como héroes nacionales y hasta les construyeron un monumento en su memoria a pocos pasos del lugar donde fueron asesinados.

Y allí está el Monumento a Los Palmeros, imponente. Y la cueva donde murieron los últimos de Los Palmeros es lugar de peregrinaje cada 12 de enero.

Un año después, Francisco Alberto Caamaño Deñó llegó al país al frente de una guerrilla que fue aplastada a sangre y fuego en poco tiempo por el poderío militar de Balaguer.

Los nombres de quienes asesinaron a Caamaño  y varios miembros de su guerrilla son recordados con desprecio, pero Caamaño ha sido reconocido como “Héroe Nacional” por el Congreso Nacional y hasta una estatua le hicieron frente a la Puerta de El Conde.

Ahora, en el año 2019, estos siete estudiantes universitarios se armaron no con fusiles ni balas, sino con fundas llenas de heces fecales para lanzarlas contra un edificio en el que, a los ojos de una gran cantidad de dominicanos, están alojados los protectores de la corrupción.

Hoy, el Procurador Jean Alain Rodríguez los tacha de “criminales” y “delincuentes”.

¿Qué nos dirá el futuro?

¿Cuál papel le asignará la historia a los chicos de un lado y al procurador del otro?

Me gustaría vivir hasta entonces para saberlo, pero lo sospecho.

¡Ah! Un detalle interesante: por algún motivo cierta prensa ha tratado de minimizar el impacto y el alcance de lo que hizo el grupo de estudiantes.

Y, cierto, se trató de una acción ilegal, pero no deja de ser política.

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