viernes, 3 de abril de 2026
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Semana Santa: reflexión, misericordia, amor que se humilla, fe y servicio

Por Emilia Santos Frías
Cada año, la comunidad cristiana se une en la conmemoración de la Semana Santa, periodo que recuerda momentos esenciales de la vida de Jesucristo: su agonía, crucifixión, muerte y resurrección. Es decir, los sufrimientos físicos y espirituales, así como su sacrificio voluntario por la salvación de la humanidad, según la fe cristiana.

Este tiempo, comprendido entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección o Pascua, debe ser dedicado a la reflexión profunda, la oración y la comunión espiritual.

En ese sentido, la Semana Santa debe vivirse más allá de la costumbre o del turismo religioso. Dios no es negocio ni libertinaje. Es verdad y luz, que se manifiestan cuando lo interiorizamos y nos acercamos a Él en busca de misericordia. Sin embargo, esto implica permitir que gobierne nuestras vidas desde la obediencia y la oración. Esa relación con el Creador comienza por mejorar los vínculos que sostenemos con nuestros padres y madres terrenales, basados en el amor y la confianza.

Solo el Padre calma el hambre espiritual. Debemos buscarle desde el servicio, la disciplina, la fe, la humildad y la oración. Así se alcanza la restauración. No obstante, si se vive la religión, que sea desde el servicio genuino, sin aprovecharse de las personas ni vender esperanza vacía. El amor de Dios sirve y se entrega; no contradice su esencia. Por el contrario, guía para evitar una fe superficial, comenzando por la limpieza del corazón.

Es necesario acercarnos conscientemente a Dios, quien llena los vacíos espirituales y personales. En ese contexto, la iglesia tiene la responsabilidad de ser un espacio de sanación, no de exhibición ni de acumulación de riquezas.

La obediencia al Creador tiene como fruto el gozo. Por ello, un compromiso en esta Semana Santa puede ser practicar la misericordia con uno mismo, ejercitar la paciencia, fortalecer la fe mediante la oración y aprender a esperar.

En este Jueves Santo, agradezco a William Arana, cuya voz, a través de reflexiones diarias, continúa impactando vidas al recordarnos la importancia de este tiempo y la necesidad de acercarnos a Dios, especialmente en momentos de vacío, dolor o búsqueda de consuelo.

A Dios no se le encuentra en lo abstracto, sino en el servicio, los valores, la misericordia y los actos genuinos del corazón. No juega con el hambre espiritual de las personas. Como bien se ha dicho: “Templos llenos, pero corazones vacíos; mucho movimiento, pero poca santidad; el nombre de Dios en los labios, pero poca compasión”.

Toda persona herida o perdida encuentra en el Creador una vía de salvación, a través del amor que se entrega y la fe que sirve. Por eso, esta conmemoración nos invita a una reflexión profunda: ¿vivimos una tradición o una verdadera transformación? ¿Somos templos limpios?

Cristo no se aprovecha del dolor humano; vino a cargarlo. Al aceptarle y limpiar el corazón, se inicia un camino de renovación hacia la salvación, basado en la misericordia y la santidad.

Que esta Semana Santa sea una oportunidad para fortalecer la paciencia, la fe, el amor y la compasión.

Amén.
Hasta pronto.