Opiniones

¡Sí señor, todavía se puede!

Urge que dirigentes y miembros, nuevamente, se empoderen con entusiasmo y decisión del slogan institucional del PLD: “Servir al Partido para servir al Pueblo”. Dejarlo para mañana podría ser tarde. ¡Sí señor, todavía se puede!

Por Juan López / Desde el Municipio
Para el pueblo dominicano y la opinión pública nacional, el PLD era el partido más organizado y disciplinado. En los primeros veinte años de su fundación, sus dirigentes y miembros con orgullo y sentimiento de pertenencia repetían por doquier la consigna “Ser peledeista es ser un soldado, consciente, valiente y disciplinado”.

Naturalmente, esto fue el resultado directo de la sistemática promoción, basada en el ejemplo, la prédica constante, el espíritu de cuerpo, la necesidad política de superar la indisciplina y el irrespeto que reinaba en el PRD, así como por los novedosos métodos de trabajo y la formación política que se procuraba para su membresía.

Esos fueron los principales fundamentos para que en el país se aceptara que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) creado, el 15 de diciembre de 1973, por el Prof. Juan Bosch y un reducido grupo que le acompañó en su salida del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), era un partido diferente, bien organizado, con disciplina, con buena formación política, en el que reinaba el compañerismo, la solidaridad y el respeto entre sus dirigentes y miembros.

Así se perdió la disciplina en el PLD

Hasta el año 2000 el PLD era un partido de cuadros cuyas simpatías se incrementaba, paulatinamente, en los sentimientos de la clase media y la juventud. En el partido se imponía el principio boschista que le daba preferencia a la calidad antes que la gran cantidad de miembros.

Con esa imagen logró llegar al poder, gracias a las destrezas y madurez política de sus dirigentes que supieron aprovechar la crisis post electoral de 1994 y las profundas contradicciones que existían entre el PRD de Peña Gómez y el liderazgo del Presidente Balaguer en el PRSC, lo cual permitió el histórico triunfo electoral que, en el balotaje del 1996, pudo obtener el PLD con la sorprendente candidatura del Dr. Leonel Fernández.

La desaparición de los bloques mundiales enfrentados durante la “guerra fría”, la apertura política que se produjo en el país, la derrota del PLD en las elecciones del 2000 y el interés de volver al poder, fue el contexto que facilitó la apertura para que la cantidad empezara a engrosar las filas del PLD, a convertirlo en un partido de masas y más interesados en ganar procesos electorales y subordinaron parte de sus originales principios.

Entonces, la calidad y la formación política pasaron a un segundo plano y las aspiraciones por cargos en las instituciones del Estado empezaron a corroer la disciplina, a estimular la creación de grupos internos en detrimento de la unidad y homogénea organización del Partido.

La gota que rebozó la copa

Las elecciones primarias que el PLD realizó, el 13 de diciembre del 2015, para escoger sus candidatos congresuales y municipales fue “la gota que rebozó la copa”: La disciplina, los métodos de trabajo, la unificación de criterio, la solidaridad, el compañerismo y el respeto se fueron al carajo. Se impuso la búsqueda de las candidaturas a cualquier precio, en base a insultos, compras de votos, fraudes en las votaciones y enfrentamientos violentos con heridos y muertos.

Ese panorama feo y negativo es necesario superarlo ya. No se puede repetir, ni siquiera en miniatura, si se quiere seguir contando con el apoyo de la mayoría de los dominicanos. La cúpula dirigente debe y tiene que imponer con el ejemplo, la transparencia y los procedimientos adecuados a la época, el principio de respeto a la autoridad, reivindicar el centralismo democrático y terminar con el reino de la permisividad e indisciplina internas.

Urge una cirugía

Este es el momento preciso para enterrar “el dejar pasar y el dejar hacer”. Urge una adecuada cirugía para extirpar la célula cancerígena que amenaza la existencia del PLD como partido que tiene la misión de completar la obra del patricio Juan Pablo Duarte.

Si queremos un PLD vigoroso y unido más allá del 2020, honrar con hechos y palabras las memorias del Prof. Juan Bosch y hacer más y mejores aportes a la democracia, las libertades y bienestar social del pueblo dominicano, los principales líderes y dirigentes del PLD deben sacudirse de las modorras que los inmoviliza y, con el ejemplo ser capaces de subordinar sus intereses personales o grupales a los supremos intereses del Partido. Están obligados a retomar el camino de la buena organización y la disciplina interna en el PLD para reciclar el orgullo de “ser un soldado peledeista, consciente, valiente y disciplinado”.

Urge que dirigentes y miembros, nuevamente, se empoderen con entusiasmo y decisión del slogan institucional del PLD: “Servir al Partido para servir al Pueblo”. Dejarlo para mañana podría ser tarde. ¡Sí señor, todavía se puede!

28 de agosto de 2016.

Compartir:
Botón volver arriba