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Sufragio: Perú a la izquierda

Por Eddy Olivares Ortega
Han pasado muchos años desde que los vocablos comunista e izquierdista eran suficientes para llenar de terror a los electores latinoamericanos y llevar a la cárcel, al destierro o al cementerio a los dirigentes políticos.

Aunque todavía la victoria presidencial de un izquierdista suele hacer temblar de miedo a los grupos conservadores, ya no motiva la materialización de golpes de estado, como el ejecutado por las Fuerzas Armadas de Perú, el 18 de julio de 1962, para impedir el ascenso al poder del histórico líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Raúl Haya de la Torre, después de haberle ganado por un estrecho margen de 12,827 votos al candidato conservador, Fernando Belaúnde Terry.

Después de finalizada la Guerra Fría no se registran golpes militares como los que derrocaron a los presidentes izquierdistas, Juan Bosch y Salvador Allende, los días 25 y 11 de septiembre de 1963 y 1973, respectivamente, generando el primero una guerra civil, que provocó la segunda intervención militar norteamericana del siglo XX en la República Dominicana, y el segundo un inmenso cementerio que cubrió a todo Chile.

El 6 de junio del 2021, en medio de la pandemia provocada por el coronavirus, el electorado peruano, con profundas raíces ideológicas, sembradas por pensadores de la talla de José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre y Víctor Andrés Belaúnde, sufragó masiva y ejemplarmente para elegir su presidente de entre un candidato de izquierda y una candidata de derecha.

Se trató de una batalla electoral intensa en la que por la derecha combatió Keiko Fujimori, hija de un presidente, que, además, había competido en las últimas elecciones y perdido por un puñado de votos, mientras que por la izquierda lo hizo Pedro Castillo, un humilde maestro de escuela y gremialista, que inició su campaña en el último cuatrimestre del 2020.

La segunda vuelta o balotaje empezó, como era de esperarse, con un ataque despiadado de Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, contra su adversario el candidato de izquierda, Pedro Castillo.

Con el objetivo de atemorizar y motivar la participación de los conservadores peruanos en la campaña, el equipo de Fujimori acusó a Castillo, como en los tiempos de la Guerra Fría, de ser un peligroso comunista.

Por otro lado, la candidata ultraderechista, Keiko Fujimori, recurrió al odioso terruqueo, una práctica política y social utilizada por la derecha contra sus adversarios de izquierda o los contrarios al establishment, a quienes acusan ya sea de comportamientos o ideas terrorista, o de realizar apología del terrorismo, o, incluso, de ser miembros u operar dentro de los grupos armados terroristas, con el fin de desprestigiarlos o que sus discursos se vean invalidados. Se trata de una estrategia política fundada en el miedo al terrorismo, que anula cualquier espacio de debate o pluralidad política dentro de un estado democrático.

Sin embargo, en lugar de renegar de sus planteamientos de izquierda, el virtual presidente de Perú, Pedro Castillo, repitió con más firmeza su discurso en contra del neoliberalismo, proclamó la transformación radical del modelo económico peruano, la nacionalización de los sectores estratégicos y la aprobación de una nueva Constitución Política.

Montado sobre su caballo, Pedro Castillo ha vencido a la derecha y recibido el mandato del pueblo para cambiar el neoliberalismo y la desigualdad.

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