
Por Antonio G. Reyes Baldwin
a República Dominicana en las últimas dos décadas ha experimentado una decadencia progresiva en cuanto a la perdida de los valores y a la esencia de lo que era la dominicanidad, en todos los hábitos de nuestra sociedad, la cual se refleja en la forma de actuar y de comportarse de nuestro pueblo, que no solo se limita a las clases más desposeídas, sino que también la burguesía ha sido contagiada con esta realidad.
El dominicano de los años 80 y 90 se caracterizaba por ser personas de buena voluntad, serviciales, sin malicias, en pocas palabras gente sana, aparte de nuestra característica principal, que es la alegría, propia de nuestra idiosincrasia, pero las cosas han cambiado y para mal lamentablemente.
El tigueraje, se ha adueñado de nuestras calles, irreverentes ante nuestras autoridades e implacables frente a los que por mala suerte del destino son presas de esta realidad. Los delincuentes no respetan los códigos que ellos mismos alguna vez establecieron en los barrios, ya no se limitan en cometer sus actos vandálicos en otros barrios, sino que lo realizan donde viven y a personas conocidas y de su entorno, como que na’ e na’, hay de ti si los denuncias, porque viven al lado tuyo y las consecuencias de la denuncia es más la sal que el chivo.
Por otra parte, los motoristas haciendo los que le da la gana, SON LOS NUEVOS DUEÑOS DEL PAÍS, no respetan los semáforos, se van en rojo delante de los agentes de la DIGESETT, y ellos bien gracias, las multas solo son para los que andan en vehículos, según el criterio de los agentes, todos andan sin licencias de conducir y ni hablar del seguro de ley, el cual brilla por su ausencia.
Apropósito de la lamentable muerte del chofer del camión recolector de basura del Ayuntamiento de Santiago, Deivi Carlos Abreu, a manos de una turba de delincuentes motorizados, quienes le dieron persecución para luego asesinarlo, todos con camisetas con el eslogan un golpe a uno es un golpe a todos, estas acciones son frecuentes en nuestro país, ocurren todos los días, poco importa quien causo el accidente, si hay un motorista involucrado, hay que estar preparado para cualquier cosa.
Las personas se quieren meter a la política no para servir a su país, sino para servirse, hacer bultos, realizar ostentaciones y para sentirse importantes, esa sensación de poder que envuelve a las figuras políticas de nuestro país, dejando de lado la formación académica e intelectual, la nueva camada de dirigentes políticos solo conoce de clientelismo y nepotismo, haciendo un coctel nefasto a nuestra débil democracia.
El fin de semana estuve en villa Duarte visitando un amigo de muchos años, el cual me contó lo que le paso, Don Pepe, según me narra venía de los minas de hacer una diligencia personal, cuando próximo al destacamento de la 25 de febrero, se le tiraron dos elementos en un motor con pistolas en mano, él obviamente entrego todo lo que tenía encima, un celular, la cartera y una cadena de fantasía, según me dijo, pero al mirar rápidamente a los delincuentes, se dio cuenta de que uno de ellos lo había visto crecer en el barrio, él me cuenta que lo único que pudo decir fue, ¨ASÍ NO PAPA¨, frase común en los barrios dominicanos, de ahí en nombre del presente artículo.
Quise ofrecerle asistencia legal a mi amigo, pero solamente atinó a decirme, Tony, mejor prefiero dejar eso así, porque ese muchacho en un vicioso y para endrogao, mejor se lo dejo a Dios y a la justicia divina, aunque no comparto su decisión, quizás podría entenderlo, porque muchas veces la justicia es muy benevolente en esos cosos, y además del peligro y el miedo que conlleva denunciar a un delincuente que vive en tu mismo barrio y no tiene nada que perder.
