
Por Carlos Rodríguez
a República Dominicana se encuentra inmersa en una crisis estructural que va más allá de la economía; es una crisis de moral, por el liderazgo de quienes gobiernan sin compromiso con el pueblo. La reciente imposición de un sistema fiscal regresivo, que ahoga a los emprendedores y trabajadores y mantiene congelado el Impuesto Sobre la Renta frente a la inflación galopante, confirma que el Estado ha optado por castigar a quienes sostienen el país que son los trabajadores . Mientras la clase gobernante se refugia en discursos vacíos y demagógicos , el gasto público se incrementa sin transparencia ni resultados palpables, priorizando intereses de élites y proyectos clientelistas sobre el bienestar de la ciudadanía. Este desprecio por la clase trabajadora común perpetúa la asfixia de la clase media y alimenta la migración silenciosa de una juventud que ya no cree en un futuro posible dentro de sus propias fronteras.
En el terreno sanitario, la crisis es igualmente devastadora. Los seguros médicos privados aumentan sus tarifas a ritmos inalcanzables para la mayoría, mientras el sistema público colapsa entre la negligencia , los desfalcos y la corrupción. Esta realidad pone en evidencia un Estado dominicana incapaz y desinteresado en proteger el derecho básico a la salud, dejando a millones desamparados y condenados a elegir entre la pobreza y la enfermedad. Al mismo tiempo, la inseguridad ciudadana, la violencia contra las mujeres y la impunidad en el manejo de los fondos públicos exacerban la desesperanza generalizada. El desgaste social : un gobierno desconectado de las urgencias reales del pais , que prefiere mantener un statu quo extractivo antes que abrazar reformas auténticas y justas.
La farsa democrática que vivimos con el (PRM )está marcada por que ha perdido toda credibilidad y ahora genera rechazo por el pueblo . Los constantes escándalos de corrupción, la manipulación de instituciones clave y el silencio cómplice ante la crisis económica revelan una élite gobernante en el pais que este más interesada en sus privilegios que en el progreso dominicano. las preocupaciones del pueblo se profundizan la desigualdad, sino que cercenan el tejido social. La fuga de talentos, evidente en cada joven que decide emigrar, es la prueba irrefutable de un modelo fallido que condena al estancamiento y a la decadencia.
Hoy, más que nunca, la República Dominicana necesita un despertar colectivo , un rechazo rotundo a la inercia , de la población que nos encadena y un compromiso urgente con la justicia social. Solo una transformación política profunda donde vuelva los que saben gobernar , dónde este centrada en la transparencia, la inclusión y el desarrollo sostenible, puede devolver a este pueblo su dignidad y esperanza. Si seguimos permitiendo que el Estado sea un obstáculo en lugar de un aliado, condenaremos a una generación entera a vivir bajo la sombra oscura de la pobreza y la frustración. Es hora de decidir si queremos ser prisioneros de un sistema que nos empobrece o arquitectos de un futuro digno para todos ya que antes vivíamos mejor.
