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Adán Peguero se superó a sí mismo con su reconocimiento público a aquel dirigente político + Vídeo

Por Robert Vargas
Adán Peguero hizo lo que no replicó ninguno de sus compañeros de partido en aquel acto que fue encabezado por Hipólito Mejía en el local del Club Framboyán: reconoció y reclamó que aquel amigo suyo y dirigente político fuera aclamado por la multitud que desbordaba la infraestructura.

Con su estilo peculiar, Peguero subió poco a poco el tono de su voz, la que logró imponer por sobre el bullicio. No había dicho el nombre de aquel para quien reclamaba y proponía un reconocimiento, pero dio algunos detalles que llevó a algunos a deducir de quien se trataba.

-«¡Es Eddy Olivares!», se le escuchó gritar a algunos.

Efectivamente, sus palabras de elogios, cariño y admiración estaban orientados a reconocer a quien fuera el primer Procurador Fiscal de la provincia Santo Domingo y ex Juez de la Junta Central Electoral, quien, a pesar de sus condiciones de salud salió del confort de su hogar en el oriente de Santo Domingo Este para ir a esa manifestación a expresar su respaldo a todos los pre candidatos a puestos de elección popular del H20 en este municipio.

Olivares nunca ha sido estridente. Le encanta mantenerse en bajo perfil. Es extremadamente amigable y respetuoso. También es un militante firme e indoblegable de sus ideas.

Y, como tal, en este momento en el que su Partido Revolucionario Moderno, (PRM), se juega su futuro inmediato, no podía darse el lujo de colocarse a un lado.

Por ese motivo, se metió en medio de esa bulliciosa multitud en un ambiente caluroso que podría generar un estres en él que, a su vez, ralentizara la recuperación plena de su salud.

El magistrado Eddy Olivares, como todos le dicen, estaba allí sentado.

A un lado.

Discreto, a pocos metros de Hipólito Mejía, pero visible desde la tribuna.

Casi pasó desapercibido.

Pero eso no ocurrió con Adán Peguero, quien parece tener bien desarrollado un fino sentido de la solidaridad humana, sobre todo en los momentos difíciles.

A Adán se le vio crecerse sobre él mismo con un discurso vibrante, alti sonante, para que todo aquel que tuviera oídos, escuchara. 

Y lo logró.

Desde todos los lugares en que cada locación era ocupada, todos los pares de ojos buscaron al magistrado Eddy Olivares, quien tímidamente se levantó sobre sus propios pies, alzó los brazos y los saludó a todos.

Percibí que todos se estremecieron al verlo con su cabeza sin un solo pelo.

No hizo falta que se dieran explicaciones.

En ese momento, el magistrado Eddy Olivares, sin decir ni una sola palabra, sintió en lo más profundo de su ser el cariño y la solidaridad de los suyos, mientras que, sin darse cuenta, Adán Peguero se superaba  a sí mismo.

El resto del discurso de Peguero fue la política de siempre.

 

 

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