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Chú Vásquez, lloroso, muestra la imagen de un gobierno puesto contra la pared y de rodillas por la inseguridad ciudadana

Por Robert Vargas
La escena en la que el Ministro de Interior y Policía, Jesús -Chu-Vasquez, se mostró lloroso ante la prensa nacional y local en Santo Domingo Este, pareció mostrar la imagen de un gobierno que se siente contra la pared y de rodillas ante la creciente inseguridad ciudadana.

Cuando Chú habló tenía sobre su cabeza, literalmente, los cadáveres de dos los pastores evangélicos acribillados a balazos por las fuerzas de seguridad “por error” en Villa Altagracia.

Los días en que Chú Vásquez y el gobierno de ocho meses se congratulaban por los alegados progresos en el fortalecimiento de la seguridad ciudadana, han quedado rápidamente atrás, ahora con el acentuado temor de la población hacia la fuerza policial que, históricamente, ha albergado a pandillas de criminales que conviven con otros honestos y sacrificados servidores estatales.

Esos dos asesinatos cometidos por la Policía, se han producido apenas días después de que el presidente Luis Abinader se presentara ante el país para anunciar un endeble plan de seguridad ciudadana, que incluye un dudoso proyecto de compra de armas ilegales.

“Al funcionario no le luce estar quejándose por la inseguridad imperante. Ya no están en la oposición, en la que hacían escuchar sus voces altisonantes. No pueden responder con lágrimas forzadas a los reclamos de seguridad por la población. Ahora se requiere que cumplan con las funciones para las que fueron electos.”

Todo lo dicho allí por Abinader ha estallado en pedazos por que los crímenes horrendos de Villa Altagracia, que conmocionaron al país.

Estos crímenes no se produjeron con “armas ilegales”, sino con la fuerza letal que el Estado le entrega a la fuerza policial para imponer la ley y el orden.

Chú Vásquez, con sus “ojos coloraos”, mostró la versión de un gobierno agobiado y atrapado, que ahora anuncia de forma improvisada que se apresura a realizar una “profunda reforma policial”.

Mientras tanto, la capacidad del Estado para proteger a la población, incluso de sus mismas fuerzas de seguridad, está bajo cuestionamiento y ponen al gobierno del cambio contra la pared.

No hay que olvidar que el vecino Haití arde en llamas, literalmente, en medio de protestas generalizadas, primero contra la violencia y la corrupción policial, que se ha expandido hacia el repudio al gobierno de turno.

En esas circunstancias, el anuncio de Chú  Vásquez de que el próximo lunes será designada una comisión que se ocupe de la reforma policial, parece una simple salida de un político que desea calmar la ira de la población, consciente de que ya ni siquiera en su fuerza policial puede confiar.

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