
Por Felipe Castro.
a narrativa y el relato en materia Dogmática tiene más de Dos mil años girando de forma inmutable sobre el eje social de generación en generación, con la ausencia de datos sobre la existencia de un Ser omnipotente y la llegada del «Mesías» salvador de los buenos, inquisidor de los “malos” consideradas verdades absolutas y firmes, que no admiten cuestionamientos ni críticas dentro de un sistema específico, ya sea religioso, filosófico o científico.
La democratización de la información (infocracia) ha reducido profundamente la eficacia de la propaganda en la geopolítica como estrategia de manipulación, donde la primera víctima es la verdad y la destrucción masiva de vidas y propiedades son auscultada. Disminuyendo su realidad en un porcentaje pírricamente mínimo con el propósito de quitarle impacto a la búsqueda de la paz.
En la era cristiana actual el relato es un icono propalante de los mas conspicuos dogmas, que el de mayor consistencia es y ha sido la existencia, muerte por crucifixión y resurrección de Jesus Cristo, quien era célibe, revolucionario y altruista. Con la virtud del milagro de la sanación, la capacidad de caminar sobre las aguas del mar, convertir la piedra en pan y hacer que lloviera peces para mitigar el hambre de su grey sumida en el desierto.
El relato dogmático vive expectante de los eventos transcendentales, afín de concatenar su creencia religiosa de divinidad de destrucción a través del «Armagedón» y su aspiracional de salvación por resurrección por el solo y único hecho de creer en un dogma con ausencia de la mas simple obra caritativa de amor al prójimo y respeto a la vida como emblema de los mandamientos de Dios avalado por Jesus en su nuevo testamento.
La irracionalidad dogmática ha asumido la crisis global resumida en el conflicto bélico en el medio oriente, bajo el supuesto contra relato de la inminente peligrosidad nuclear de Irán contra el mundo, en contraste a los datos avalados de los funestos antecedentes del lanzamiento de las bombas atómicas por parte de los Estados Unidos en Japón específicamente sobre Hiroshima y Nagasaki el día 6 de agosto del 1945 y el genocidio llevado a cabo por Benjamin Netanyahu en Gaza y el Líbano.
Como dijo Franz Kafka, la sociedad, no es mas que una fiesta de disfraces, que se evidencia en el reducido segmento de la población mundial, que se ha dedicado a propagar el contra relato de la llegada del mesías personificándolo en el presidente de Estados unidos Donald Trump; quien se lo cree, que invocara el aspiracional dogmático del Armagedón; la lucha de naciones contra naciones, en la que resurgirá triunfador Israel como la ciudad de Dios encabezada por el genocida convicto de Benjamin Netanyahu quien tiene a su cargo más de cinco mil personas asesinadas la mayoría niños. pero lo triste y no menos censurable es que ese reducido segmento de “Cristianos” apoya ese genocidio otros, sin ruborizarse, bajo el supuesto de que el omnipotente dictamino que Israel es la ciudad de Dios.
Como se podría llamar, comparar a Jesus y sus atributos? Con el presidente de los Estados Unidos quien arrastra el lastre del relato de pedófilo socio de Jeffrey Epstein, de xenófobo y extorsionador.
