
Por Misael Lachapel
Como ciudadano comprometido con el bienestar de nuestro municipio, me veo en la obligación de alzar la voz frente a una situación que, lejos de resolver un problema, parece estar creando otros más graves: la colocación indiscriminada de reductores de velocidad por parte de la Alcaldía de Santo Domingo Este.
En las últimas semanas hemos visto cómo se han instalado reductores en avenidas de alto flujo como la carretera Mella, Av. Venezuela etc. sin estudios técnicos visibles, sin consultas comunitarias, y sin una planificación que tome en cuenta el contexto urbano y los efectos colaterales. Lo que podría ser una herramienta de seguridad, se ha convertido en una fuente de congestión, frustración y potenciales riesgos para nuestros munícipes.
¿Nos hemos preguntado qué pasa cuando una ambulancia, un camión de bomberos o una patrulla de nuestra policía nacional necesita cruzar por una vía con múltiples lomos sin estandarización ni lógica técnica? La respuesta es clara: se pierde tiempo valioso. Y en emergencias, cada segundo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Lamentablemente, estas estructuras se están colocando en zonas de alta velocidad sin un criterio técnico aparente, más bien “al ojo por ciento”. Y eso no puede ser aceptable en una ciudad que busca ordenarse, modernizarse y proteger a su gente.
En horas pico, la carretera Mella se convierte en un infierno vehicular. Los reductores mal ubicados están generando una ralentización forzada que provoca largas filas, desvíos innecesarios hacia calles residenciales y una desesperación colectiva que, paradójicamente, aumenta el riesgo de accidentes.
¿El resultado? Un tráfico más agresivo, una ciudadanía más estresada y cada vez más nos damos cuenta de que todo lo que realiza Dio Astacio es una pura improvisación y falta de planificación .
Una pregunta que muchos nos hacemos es: ¿cuál fue el estudio que justificó la instalación de estos dispositivos en esas ubicaciones específicas? ¿Qué datos de velocidad, accidentes o comportamiento vial fueron considerados? ¿Se midió el impacto ambiental, social y económico?
La gestión municipal no puede seguir respondiendo con parches improvisados a problemas estructurales. Las soluciones de seguridad vial deben estar fundamentadas en informes técnicos, análisis de movilidad urbana y consultas a las comunidades. Porque lo que está en juego no son solo carros o tapones… son vidas humanas.
Estoy convencido de que los reductores de velocidad pueden ser útiles. Pero como toda herramienta, deben aplicarse con criterio, no con populismo . En este momento, en SDE, lo que debería ser una solución para salvar vidas está exponiendo aún más a nuestros ciudadanos.
No podemos seguir improvisando con el espacio público. No podemos seguir actuando sin medir consecuencias. No podemos permitir que se construya una ciudad al margen de la técnica y la planificación.
La seguridad vial es una ciencia, no una intuición. Y Santo Domingo Este merece decisiones responsables, transparentes y basadas en evidencia. Porque nuestro municipio no puede seguir pagando el precio de la improvisación.
