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El Cañero mata ayuntamiento en venganza por derrota; pero el municipio vive para hacer justicia

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Por Manuel Soto Lara
El municipio Santo Domingo Este está íngrimo  y solo. Luego de su derrota electoral, el alcalde Alfredo Martínez, parece haberle lanzado la peste de su venganza. No es la primera vez que un alcalde, luego de perder las elecciones, nos abandona por venganza.

No es la natural merma del personal laboral, en aislamiento, por la pandemia del coronavirus. Es, más bien, el deliberado abandono en que anida la venganza por la derrota electoral. 

La Provincia Santo Domingo, enclave de nuestro municipio, conforme datos oficiales, está entre las más afectadas con una secuela macabra de muertos e infectados del silencioso e invisible monstruo que nos persigue. El ayuntamiento está acéfalo. No hay autoridad edilicia. La comunidad municipal ha sido abandonada.

En las calles, de vecinos indiferentes,  la basura pestilente se amontona y contamina. La pandemia nos persigue con el hacha del verdugo. La autoridad municipal no orienta, no ayuda. Parece haberse extinguido en la miseria de sus propios resentimientos. 

Se enferma más de un vecino. La ilusión  por la mano solidaria del poder local insinúa una pálida sonrisa. Un hálito de utópica esperanza. Porque ha concluido la campaña electoral. Y ya, ganadores y perdedores, no atienden teléfonos.

Antes de contar los votos, pródigos, muchos estábamos para ayudar. El presupuesto municipal, al servicio de las mafias edilicias, dejaba un margen, como una limosna para la caridad pública al servicio de los dueños del presupuesto. Pero concluyó la campaña en Santo Domingo Este y parece que todo se ha extinguido, hasta una limosna de solidaridad. 

Muere un vecino indigente. Un ataúd y algunas facilidades en el cementerio municipal para la sepultura son necesarios. Se procura la ayuda del Ayuntamiento. Pero este ya no existe. Está cerrado. Los mudos muros recuerdan con angustiosa añoranza los momentos promisorios de la reciente campaña electoral.

El Ayuntamiento Santo Domingo Este, gobierno de la aldea encantada a la que con tanto primor le cantara el poeta Juan Sánchez Lamouth, ha muerto. No lo ha matado la pandemia del coronavirus, sino la maldición de su alcalde en venganza por el tercer lugar en su derrota electoral

No todo se ha perdido. El municipio vive, estoico como un Dios térmico, como al otro, la providencia le permitirá conjurar con su justicia la venganza de sus verdugos.

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