martes, 30 de junio de 2026
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No basta con contar víctimas; hay que preguntarnos por qué seguimos produciendo victimarios”

Fuente Externa

En un escenario donde la violencia basada en género suele ocupar titulares únicamente después de una tragedia, la reciente entrevista en RNN Pensamiento Global de la activista social Crismailin Rodríguez Zabala dejó una reflexión que cambia el eje de la conversación. Más que hablar de cifras o de hechos aislados, invitó al país a hacerse una pregunta mucho más incómoda: ¿qué estamos haciendo para evitar que la violencia siga ocurriendo?

Su intervención no buscó conmover desde el dolor, sino despertar conciencia desde la responsabilidad colectiva.

Una de las frases que marcó la entrevista fue: “A mí en mi casa no me enseñaron que los celos matan, ni que el amor mata tampoco.” Una declaración que rompe con décadas de discursos que han romantizado el control, la posesión y la violencia bajo el nombre del amor. Pero quizás el planteamiento más importante fue otro: la necesidad de dejar de mirar exclusivamente a las mujeres cuando hablamos de violencia basada en género y comenzar a observar con mayor atención el comportamiento de los hombres.

Durante años, la conversación pública se ha concentrado en cómo proteger a las víctimas, qué pudieron hacer diferente o cómo reaccionaron frente a la violencia. Sin embargo, pocas veces se analiza qué mensajes están recibiendo los niños que mañana serán adultos, cómo se construyen las masculinidades o qué conductas estamos permitiendo que se normalicen desde la infancia.

Rodríguez Zabala recordó que los niños aprenden del comportamiento, pero también del silencio. Aprenden cuando un comentario machista provoca risas en lugar de rechazo. Aprenden cuando la violencia es minimizada. Aprenden cuando la sociedad calla frente a aquello que debería condenar.

La activista también cuestionó el rol de los medios de comunicación frente a esta realidad. Lejos de señalar un problema de cobertura, puso sobre la mesa una discusión sobre la responsabilidad social de informar.

Como expresó durante la entrevista: “Siento que los medios de comunicación nos están faltando al respeto como sociedad… no veo que han contabilizado las mujeres que han sido víctimas de violencia basada en género, no veo que hacemos un esfuerzo social para comprender el por qué de la situación, no siento que se está tocando el tema con el respeto que debería tocarse…”

Más que una crítica, sus palabras representan una invitación a cambiar la manera en que el país conversa sobre esta problemática. Informar no debería limitarse a narrar una tragedia; también implica educar, prevenir y ayudar a comprender las raíces de una violencia que continúa arrebatando vidas.

Porque la prevención comienza mucho antes de la primera agresión. Comienza en la educación que reciben nuestros niños, en las conversaciones que tenemos en casa, en la responsabilidad con la que informan los medios y en la decisión colectiva de dejar de normalizar aquello que nunca debió parecer normal.