
Por la Redaccion
SANTO DOMINGO.– Los obispos de la Conferencia Episcopal de las Antillas (AEC) expresaron su profunda preocupación por el aumento de la presencia militar y naval en el sur del Caribe, advirtiendo que esta situación representa una seria amenaza para la estabilidad, la economía y la paz de los pueblos de la región.
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En un comunicado difundido este lunes, los prelados recordaron que el mundo se prepara para conmemorar la 59ª Jornada Mundial de la Paz, e instaron a los gobiernos a optar por el diálogo y la negociación en lugar de la confrontación armada.
“Una vez más nos encontramos en una encrucijada. El diálogo y la cooperación son urgentemente necesarios para aliviar las crecientes tensiones geopolíticas y fomentar una paz duradera”, señalaron los obispos, citando las enseñanzas del papa Pablo VI y de San Juan XXIII, quienes defendieron que la verdadera paz nace de un corazón desarmado del miedo y la ansiedad.
La Conferencia Episcopal también condenó el impacto del narcotráfico en las sociedades caribeñas, al que calificaron como una “grave crisis moral” que destruye familias y comunidades. Sin embargo, subrayaron que la violencia y la eliminación arbitraria de vidas humanas no son formas aceptables de combatir este flagelo.
Asimismo, rechazaron cualquier intento de violar la soberanía de las naciones independientes bajo el argumento de la seguridad fronteriza. “La guerra o la amenaza de guerra nunca son la solución adecuada”, afirmaron los religiosos, al tiempo que advirtieron que la presencia de buques de guerra en aguas del Caribe “representa una amenaza real e inmediata para la estabilidad regional”.
En su mensaje, los obispos llamaron a los líderes políticos a reducir la militarización y renovar su compromiso con la unidad y el entendimiento entre los pueblos caribeños.
“Estamos llamados a rezar por la paz y actuar por la paz. En este Año Jubilar de la Esperanza, reafirmamos nuestra hermandad que trasciende fronteras e intereses nacionales”, expresaron.
Finalmente, la AEC manifestó su solidaridad con todos los pueblos del Caribe, especialmente con aquellos más expuestos a los efectos de la tensión militar, y reafirmó el compromiso de la Iglesia con la defensa de la vida, la justicia y la paz.
