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¿Por qué Occidente sigue pasando por alto las vacunas rusas contra el COVID-19?

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Actualizado el: 7 marzo, 2021 - 6:19 AM (-04:00)

Fuente: Sputnik
Desde su lanzamiento, Sputnik V se enfrentó a una oleada de críticas de los medios occidentales, los cuales insistían en que la vacuna necesitaba de más ensayos para ser considerada segura. El medicamento desarrollado por Pfizer, sin embargo, no se somete a tanto escrutinio, pese a los numerosos indicios de que tiene serios efectos secundarios.

La comunidad sanitaria mundial se enfrenta a una paradoja. Por un lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) denuncia la desigualdad en la distribución de las vacunas contra el coronavirus. El director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, recientemente puso de relieve que uno de los países más pobres del mundo ha recibido solamente 25 dosis, mientras que más de 39 millones de dosis se han administrado en casi 50 de los países más ricos.

Por otro lado, la propia OMS autorizó el uso de solamente una vacuna contra el COVID-19: la desarrollada por Pfizer y el laboratorio BioNTech. El ente ha ignorado una multitud de otros medicamentos desarrollados en Rusia, China, el Reino Unido y la India, limitando así la posibilidad de éxito de COVAX, una iniciativa global para acelerar la vacunación y distribuir uniformemente los medicamentos producidos.

El organismo de salud mundial dijo que la vacuna de Pfizer fue aprobada de emergencia debido a su “seguridad, eficacia y calidad”. De hecho, la OMS no fue la única que se apresuró en la aprobación de esta vacuna específica.

La Unión Europea, particularmente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presionó para que el preparado estadounidense empezará a administrarse en el territorio del bloque.

Según un informe de Le Monde, citando documentos a los que el medio francés obtuvo acceso, la presión política para aprobar la vacuna fue tan alta que la Agencia Europea de Medicamentos —EMA, por sus siglas en inglés— tuvo que hacer la vista gorda con respecto a algunos de los problemas encontrados con relación al medicamento de Pfizer. Más específicamente, según se informa, la EMA tuvo que ignorar la supuesta inconsistencia entre el contenido de las ampolletas vendidas por la empresa farmacéutica estadounidense y los compuestos utilizados en los ensayos de las vacunas.

Ni siquiera los frecuentes relatos de posibles efectos secundarios de la vacuna de Pfizer lograron disminuir el ritmo de propagación del preparado en todo el mundo. Se sabe que al menos 13 israelíes experimentaron una leve parálisis facial temporal poco después de recibir la primera de las dos dosis de la vacuna de Pfizer. La reacción causó indecisión en algunos ciudadanos vacunados en cuanto a si recibir o no el segundo pinchazo.

Noruega está investigando las causas que provocaron la muerte de 23 personas mayores tras haberse vacunado con el fármaco de Pfizer contra el coronavirus. Si bien no se sabe si los dos hechos están conectados, el país advirtió que la vacuna podría tener “consecuencias graves” para las personas de más edad y aquellos de salud frágil. La OMS investigará la causa de las muertes.

Curiosamente, la recepción de las vacunas desarrolladas por otros países no ha sido tan blanda. Mientras la vacuna de Pfizer se distribuye en la UE con la condición de que la empresa fabricante no se responsabiliza de sus posibles efectos secundarios, Sputnik V se somete a un escrutinio extremo por parte de las autoridades europeas, apunta Alexandr Guintsburg, director del Instituto Gamaleya, en donde se desarrolló la primera vacuna contra el coronavirus del mundo, Sputnik V.

Todavía no es clara la razón por la que el medicamento de una empresa específica supuestamente goza de un supuesto favoritismo en el proceso de aprobación. El fármaco de Pfizer alcanzó una eficacia del 90% en los ensayos, a la par con varios otros medicamentos, como Sputnik V. Asimismo, la eficacia es menor, por ejemplo, que la de la segunda vacuna desarrollada en Rusia, EpiVacCorona, cuyos ensayos hasta ahora han demostrado una eficacia del 100%.

ARN inestable, el posible culpable de los supuestos efectos secundarios

Una posible causa de los supuestos efectos secundarios de la vacuna de Pfizer podría ser el uso de ARN mensajero modificado con nucleósidos, una tecnología que hasta entonces solo se había utilizado en vacunas para animales y nunca antes para inmunizar humanos. En teoría, el ARN modificado debería llevar parte del genoma del COVID-19 para desencadenar una respuesta inmune del cuerpo y así generar inmunidad ante una infección real por el SARS-CoV-2.

Guintsburg señaló, sin embargo, que a diferencia del ADN, el ARN es más lábil, propenso a cambios repentinos. Estos cambios podrían ocurrir incluso en el proceso de producción del fármaco y, como resultado, varios lotes de la misma vacuna de Pfizer podrían diferir entre sí. De esta manera, los lotes dañados podrían tener efectos secundarios inesperados, enfatizó el académico.

“En Israel, se registró una parálisis facial leve en los que habían sido vacunados [con la inyección de Pfizer]. Sin embargo, actualmente no tenemos una comprensión completa de qué otras complicaciones pueden ocurrir. Por ejemplo, podría ocurrir una parálisis de la musculatura esofágica o una parálisis del nervio cardíaco”, hipotetizó Guintsburg.

El director del Instituto Gamaleya sugirió, incluso, que la vacuna de Pfizer podría tener un efecto negativo en alrededor del 30% al 40% de los pacientes, en particular, en las personas mayores y las que padecen alergias.

La vacuna rusa, en el punto de mira de la guerra de información
Si bien las dos vacunas estadounidenses fabricadas por Moderna y Pfizer utilizan la tecnología de ARN modificado, otros fármacos utilizan vectores adenovirales, como es el caso de la inyección británica de Oxford y AstraZeneca y de los desarrollos rusos Sputnik V y EpiVacCorona. Sin embargo, no parecen gozar de la misma popularidad y del supuesto favoritismo de las autoridades a nivel global.

Por el contrario, algunas de ellas, como la primera vacuna rusa, se enfrentaron a duras críticas de los medios de comunicación occidentales por supuestamente carecer de ensayos más amplios y de una documentación extensa al día siguiente de su autorización de emergencia. Además, el fármaco enfrentó otros problemas: su cuenta de Twitter fue restringida temporalmente (aunque siguió visible) por una supuesta “actividad inusual” y su autorización en Hungría fue criticada por las autoridades de la UE.

Rusia también fue acusada repetidamente de intentar robar datos de las investigaciones de otros países para el desarrollo de vacunas contra el coronavirus utilizando el “ejército de piratas informáticos” que supuestamente tiene a su disposición el Kremlin. Curiosamente, estos informes surgieron cuando las primeras vacunas desarrolladas en el país ya se encontraban en sus primeros ensayos, los cuales, cabe decir, concluyeron con éxito.

Es más, los investigadores rusos cooperaron con colegas extranjeros durante el desarrollo de su vacuna, en particular, con AstraZeneca.

Mientras tanto, Pfizer, que ya tuvo problemas con sus medicamentos en el pasado, no parece haber gozado de tal escrutinio, algo que podría finalmente cambiar a medida que aumenta la cantidad de evidencia que sugiere la existencia de posibles efectos secundarios en su vacuna.

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