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Ser político no es un baldón, no es vergonzoso

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Actualizado el: 26 noviembre, 2020 - 12:49 AM (-04:00)

“Exigir que para la elección a las Altas Cortes y a la Junta Central Electoral se deba no haber sido miembro de un partido político, es discriminatorio, ilegal, inconstitucional y violenta el principio de igualdad. La Constitución y las leyes dicen cuales son los requisitos”. (Twit).

Por Valentín Medrano Peña.
Andar la historia política dominicana y mundial no es tarea fácil, pero en su estudio se puede afirmar sin miedo a equivocación, que ninguna clase o profesión le ha aportado más al desarrollo de la humanidad que la clase política.

Los políticos han creado los caldos de cultivos para que los científicos creen sus invenciones, los registren y puedan ponerlos en práctica, lo mismo con los diseñadores, arquitectos, innovadores, comerciantes y tecnólogos, y hasta en el deporte y el arte influyen para su desarrollo y esplendor.

Los políticos son los capitanes del buque social, los líderes que encarnan las expectativas y procuras de las personas. Son los visionarios del Estado y su adecuación, cocineros de normas y disposiciones para el bien común. Los políticos son los guías y acompañantes del camino interminable hacia la meta colectiva de bienestar general. Los políticos son la causa de orgullo de las sociedades y la razón y anhelo de cambios y alternancia que ellos mismos crearon. Los políticos lejos de entenderse que son un baldón, que no lo son, deben sentir orgullo de serlo, si lo han ejercido como nuestro patricio Juan Pablo Duarte.

A propósito de Duarte, padre fundador de nuestra nacionalidad, conforma un listado de prestantes políticos que recoge la historia, entre muchísimos nombres que sólo enlistar haría inacabable el presente escrito, entre los que podemos mencionar a Simón Bolivar, el más grande libertador, hacedor de patrias y americanista, George Washington padre de la patria estadounidense, Mao Zedong, padre de la revolución china, Nelson Mándela, Fidel Castro, Mahatma Gandhi, Alejandro el Grande, Winston Churchill, Julio César, Napoleón Bonaparte, Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez, y un etcétera que procura llegar al cielo.

Pasa que todos ellos, en la nueva ideología de poner bajo sospecha a los políticos desde las grande corporaciones, los intereses foráneos y sus tecnócratas representantes, y grupo consumepresupuestarios de la denominada sociedad civil, están no solo bajo una absoluta sospecha, sino que peor, están bajo desaprobación, y peor aun, todo ello cuenta con la complicidad de otros políticos que ya reciben el suero del poder y las infusiones del dinero del erario.

Se avergüenzan de lo que son, quizá se vieron al espejo totalmente desnudos y se reconocieron y proyectaron a otros sus bajezas.

Lo cierto es que excluir por el solo hecho de pertenecer a un partido político, sin tomar en cuenta idoneidad, capacidad, formación y honorabilidad, es un baldón no solo a los políticos y a la clase política sino a la sociedad que ellos representan, convencen, movilizan e integran.

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Además es una ilegalidad, una arbitrariedad, un discrimen y por ende una acción inconstitucional. Y es que la Constitución dice cuales son los requisitos para ocupar cargos públicos y de órganos constitucionales, y de hecho, para las más importantes de todas, presidencias de la República y del congreso, plantea como vehículo de acceso al constitucionalizado partido político.

Los requisitos para ser candidato, ha dicho el Tribunal Superior Electoral, en una decisión aplaudida por la mayoría, y que le habilitó al Dr. Leonel Fernández el derecho a ser elegible, son sólo aquellos que enuncia la Constitución, por ende los límites para no serlo son también aquellos, y yo digo, siguiendo ese precedente juridico, que los requisitos para ser miembro de una alta corte o de un órgano constitucional son los que limitativamente enlista la Constitución y las leyes, y le agrego que eximir de la posibilidad de serlo a una persona que milite o haya militado en un partido político es una discriminación que contraría el principio de igualdad constitucional, es un baldón a la historia de la humanidad y sus políticos protagonistas y una mácula adicionada a los propios líderes históricos y actuales de los partidos existentes.

Mucho cuidado, sociedad civil que cobra en los gobiernos. Mucho cuidado gobierno del cambio, no vaya a pasar un cambio tan pesado que dañe la transmisión y nos vayamos de bruces, ya que no se quema la nave que es el vehículo de regreso luego de pasar el río. ¿O si?.

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