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Un hombre y una mujer se quedaron “pegaos”… como si fueran un perro y una perra

Por Robert Vargas
La multitud llegó en masa y se colocó tan cerca como pudo de las paredes de la parroquia católica para ver, “con sus propios ojos” al hombre y la mujer que se quedaron “pegaos”, por sus genitales, como si fueran un perro y una perra.

La “noticia” pasó de boca en boca con velocidad pasmosa y le gente primero llegó a cuenta gotas, pero luego fue algo descomunal.

Todos querían ver a ese hombre y a esa mujer “pegaos”.

El morbo alimentaba la imaginación de todos y alguno hasta llegó decir que “son vecinos míos. Yo le decía que eso le iba a suceder, pero no me hicieron caso”.

La gente daba riendas sueltas a su imaginación y le agregaban dósis de verdades, medias verdades y mentiras completas.

Pero de lo que nadie dudaba, absolutamente nadie, era que el hombre y la mujer estaban “pegaos” por sus genitales.

La única solución que los desdichados tenían para despegarse era que el sacerdote de aquella parroquia con sus oraciones rompiera el conjuro y los liberara de su pecado, que le sucedió por violar los mandatos divinos.

Esto que les cuento no es un invento, sucedió creo que fue en el año 1966 . Era yo apenas un muchacho y vivía en el barrio Capotillo. Acababa de finalizar la Guerra Patria de 1965.

Los de mi edad y un poco más adultos podrían ayudarme, por favor,  a reconstruir ese suceso ocurrido un viernes Santo alrededor de la parroquia católica del barrio.

La tradición católica imponía en aquellos tiempos ciertas normas de conducta en ocasión del Viernes Santo.

Una de esas era que “no se podía clavar un clavo”; tampoco se podía hablar elevando la voz; no se podía escuchar música bailable y, claro está, nada de nada de sexo.

Quien se llevaba de los deseos de la carne y no se aguantaba las ganas podía ocurrirle exactamente lo mismo que le “sucedió” al hombre y la mujer que estaban dentro de la iglesia esperando que se produjera “el milagro del señor” y lo despegaran.

Yo, chiquillo al fin, estaba fascinado con esa historia y hasta tenía verdaderas ganas de ver cómo era que un hombre y una mujer se quedaban pegados por sus genitales.

Tanta gente adulta repitiendo lo mismo no podía estar equivocada. Además, la radio estaba informando del suceso alrededor de la parroquia.

Claro, ningún periodista dijo que los vio, pero la gente sí estaba “segura” de que “los dos están ahí dentro” sufriendo las consecuencias de su “pecado”.

Ya en la tarde la situación se hizo verdaderamente incontrolable y la multitud amenazaba con derribar las paredes de la iglesia.

Mientras tanto “radio Bemba” seguía “informando” del “suceso” y cada cual lo decía de su mejor manera.

Las mujeres religiosas del barrio colocaron sus rodillas sobre la tierra y rezaron tantos padre nuestros como pudieron para ayudar con sus oraciones a liberar a los pegados.

Las “cadenas de oraciones” se extendieron por todas partes, pero la gente estaba sobre excitada. Todos querían verlo. Estaban seguros de que “el malvado” sacerdote los estaba “ocultando” para que la gente no viera a los pecadores.

Cuando la furia y la excitación aumentó y parecía que la masa arrasaría con las paredes de la parroquia, la policía llegó y los roció a todos con gases lacrimógenos y algunos garrotazos.

Fue necesario desplegar a las tropas alrededor de la iglesia para evitar que esta fuera asaltada.

Cuando el tiempo pasó, quedó claro que todo fue fruto de la imaginación febril de alguien, pero aún hoy algunos aseguran que en “esa iglesia” estaban un hombre y una mujer como si fueran un perro y una perra.

Se trató de una noticia falsa (fake news), cuando no existían internet ni las redes sociales.

Los aparatos de televisión en los los hogares eran escasos y el mayor poder de comunicación lo tenían la radio y “radio bemba“.

¿Porqué recuerdo esto en este momento?

Sencillo, lo hago para tratar de evitar que algunas personas sea presas de la moderna “radio bemba” y evite caer en la trampa de creer una multitud de “historias”, muchas veces falsas, que “corren” a gran velocidad en las redes sociales.

Claro, estoy convencido de que cada cual creerá la noticia falsa que quiere creer y, de inmediato, la compartirá a sus “amigos” de las redes sin necesidad de documentarlas.

En aquel tiempo, la gente creyó que el hombre y la mujer se quedaron “pegaos”; ahora, en Febrero del año 2020, ¿Cuál será la noticia falsa que querrán creer?

Esas noticias falsas brotarán por todas partes, y miles las creerán sin necesidad de que le presenten pruebas y, si se las muestran, responderán que “esas pruebas son falsas” por la sencilla razón de que su mente ya está preparada para creer sus “fake news” favoritas.

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