
Por Cinthia Polanco
esde hace más de 20 años, Juan Portorreal Rodríguez ha tenido una relación cercana y cada vez más amarga— con el Consejo Estatal del Azúcar (CEA). Todo comenzó en 2003, cuando compró un solar en la calle principal de Hato Nuevo, donde levantó su empresa de transporte de vehículos pesados: camiones de volteo, tractores, una pala mecánica y hasta un taller de reparación daban vida a su negocio.
Portorreal, entonces un hombre de trabajo, llegó a pagar casi el 40 % del valor del terreno. Todo parecía ir viento en popa… hasta que en marzo de 2014, funcionarios del Ministerio de Educación tocaron a su puerta.
Según él y su abogado, el doctor Héctor L. Frías Vilorio, lo obligaron “de forma arbitraria” a vender ese solar al Estado. El plan: levantar allí una escuela básica, parte del ambicioso proyecto de edificaciones escolares que impulsaba el entonces presidente Danilo Medina. La transacción se formalizó el 7 de marzo de ese año y, efectivamente, la Escuela Básica Espejo Rosario fue construida e inaugurada en 2017.
Pero lo que nunca llegó fue el dinero.
Desde entonces, Portorreal ha visto pasar gobiernos, ministros, promesas y documentos. El Ministerio de Educación no ha pagado el valor acordado por el terreno, pese a que desde 2018 existe una cesión de crédito firmada entre el CEA y el señor Portorreal que autoriza el traspaso del pago.
Con los años, la deuda no solo se ha mantenido, sino que ha crecido. Hoy supera los 16 millones de pesos, de los cuales más de 10 millones corresponden solo a intereses y mora. El abogado Frías Vilorio ha tocado todas las puertas posibles dentro del CEA. El 30 de agosto de 2023 se dirigió por escrito al Consejo de Administración del CEA, presidido por Enriquillo Reyes, solicitando un descuento significativo de la mora para poder cerrar la cuenta y permitir que el Ministerio de Educación pague lo adeudado.
Meses después, el 11 de noviembre de 2024, remitió otra carta, esta vez al Director Ejecutivo del CEA, Rafael Burgos Gómez, repitiendo el pedido y agregando un argumento desgarrador: Juan Portorreal tiene 73 años, fue operado a corazón abierto, se encuentra en un estado de salud muy delicado y recluido en su hogar, sin fuerzas para salir ni recursos para enfrentar sus gastos médicos.
Según su abogado, los medicamentos y cuidados médicos que necesita son costosos, y la falta de ese dinero lo ha dejado en una situación de total vulnerabilidad. Lo que un día fue un patrimonio, hoy se ha convertido en una deuda impagable que crece con el tiempo, mientras la vida de Juan Portorreal se apaga lentamente.
En ambas cartas se adjuntaron copias de la cesión de crédito y el estado de cuenta actualizado. El abogado propone pagar el capital más un porcentaje reducido de mora —unos 7.7 millones de pesos en total— para cerrar el capítulo.
Mientras quedan las preguntas ¿Responderá el CEA esta vez? ¿Se moverán los engranajes de la burocracia para saldar una deuda con más de una década de retraso?
Mientras tanto, en Hato Nuevo, la escuela construida sobre aquel terreno sigue funcionando. Y Juan Portorreal sigue esperando… esta vez, por su vida.
