viernes, 10 de julio de 2026
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De la Plaza a las redes: el guion para desviar el debate sobre la Ley Mordaza

Por Cinthia Polanco
Frente al Tribunal Constitucional, el comunicador El Piro reunió a decenas de ciudadanos para protestar contra la denominada «Ley Mordaza«, una iniciativa que, según sus detractores, amenaza la libertad de expresión.

Hasta ahí, todo normal en una democracia.

El que no está de acuerdo protesta.

El que sí está de acuerdo responde con argumentos.

O al menos, así debería ser.

Pero mientras en la Plaza se levantaban pancartas, en las redes sociales comenzó a levantarse otra cosa: un libreto.

No para defender la ley.

No para explicar por qué sus críticos están equivocados.

No para desmontar los argumentos del recurso que conoce el Tribunal Constitucional.

El esfuerzo parecía concentrarse en otra dirección.

Desacreditar la protesta.

Los comentarios empezaron a parecer salidos de un mismo molde.

«Protestar está bien, pero…».

Y después del «pero» venía la misma cantaleta.

«Hay intereses políticos.»

«No se dejen manipular.»

«Miren quién convoca.»

«Eso no es espontáneo.»

Una y otra vez.

Con palabras distintas, pero con la misma intención.

Llamó la atención que casi nadie defendía el contenido de la ley. El centro del debate dejó de ser la legislación para convertirse en un juicio contra quienes decidieron salir a la calle.

Es una vieja táctica.

Cuando el mensaje resulta incómodo, se intenta matar al mensajero.

Porque es más fácil sembrar dudas sobre el convocante que responder si la ley limita o no derechos fundamentales.

¿Esos comentarios fueron espontáneos?

¿Existió una operación digital para cambiar la conversación?

No hay pruebas para afirmarlo.

Pero tampoco hace falta ser experto en redes para notar cuando muchos empiezan a repetir el mismo discurso casi al mismo tiempo.

La Plaza habló.

Las redes respondieron.

Una con ciudadanos dando la cara.

La otra, con decenas de perfiles repitiendo el mismo «pero».

Y mientras unos discutían sobre libertad de expresión, otros parecían empeñados en que nadie hablara de la ley.

Porque, al final, cuando el debate deja de ser la ley para convertirse en un ataque contra quienes protestan, alguien está logrando exactamente lo que quería.