jueves, 8 de octubre de 2026
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Ensanche Ozama lleva más de 12 horas sin luz y EDEEste no resuelve la avería

Por Cinthia Polanco

Santo Domingo Este. – En una esquina del Ensanche Ozama, los vecinos y comerciantes parecen haberse acostumbrado a una situación que no debería ser normal: pagar por un servicio eléctrico que falla constantemente y esperar, una y otra vez, que la Empresa Distribuidora de Electricidad del Este (EDEESTE) resuelva una avería que nunca termina de desaparecer.

El problema se registra en las inmediaciones de las calles Jesús de Galíndez y José Cabrera, donde se encuentra el poste identificado con el número 76PJ-0970, perteneciente al circuito LM3803, un punto que se ha convertido en motivo de preocupación por las constantes interrupciones del suministro eléctrico.

La historia se repite con una frecuencia desesperante. Se produce una avería, los afectados realizan el reporte y comienza la espera. En ocasiones, EDEESTE tarda 12 horas en restablecer el servicio. Otras veces, la solución llega después de días. Finalmente, una brigada interviene, devuelve la electricidad y todo parece regresar a la normalidad.

Pero solo lo parece.

Basta con que llegue cierta hora de la noche para que la misma avería vuelva a presentarse. Otra interrupción, otro reporte, otra espera y, finalmente, otra reparación que tampoco garantiza que el problema no vuelva a repetirse.

Y no es que durante las horas en que hay electricidad el servicio sea precisamente bueno. El voltaje se mantiene inestable, con subidas y bajadas constantes que ponen en riesgo los electrodomésticos de las viviendas y los equipos de los establecimientos comerciales.

Los comerciantes de esta zona también tienen que lidiar con las consecuencias de un suministro deficiente que interfiere con sus actividades. Porque una cosa es tener electricidad y otra muy distinta es disponer de un servicio confiable que permita trabajar sin estar pendiente de cuándo ocurrirá la próxima falla.

Mientras tanto, hay algo que no presenta interrupciones: la facturación del servicio eléctrico. Los recibos continúan llegando cada mes, como si los usuarios estuvieran disfrutando de un suministro estable y eficiente.

Pero el asunto va más allá de las averías.

Las posibles conexiones ilegales en el entorno abren otro capítulo que EDEESTE debería investigar. Si existen instalaciones irregulares que están sobrecargando la red o provocando estas fallas, corresponde identificarlas y actuar conforme a la ley. Lo que no puede convertirse en costumbre es que quienes pagan por el servicio tengan que soportar las consecuencias de una situación que las autoridades están llamadas a controlar.

Y aquí surge una pregunta que merece una respuesta: ¿cómo es posible que una misma avería se reporte una y otra vez, en el mismo lugar, sin que EDEESTE haya logrado ponerle fin?

Porque si la causa es una conexión ilegal, corresponde intervenir. Si se trata de una sobrecarga, habrá que corregirla. Y si las instalaciones ya no tienen capacidad para responder a la demanda, entonces será necesario invertir en los equipos y trabajos que hagan falta.

Lo que no parece aceptable es seguir enviando brigadas a resolver momentáneamente una situación que, por su frecuencia, exige algo más que una reparación de emergencia.

El caso del poste 76PJ-0970, en el circuito LM3803, plantea una interrogante sobre la manera en que EDEESTE atiende las averías recurrentes. No basta con devolver la electricidad después de cada interrupción. También hay que determinar por qué se produce la falla y qué debe hacerse para evitar que vuelva a ocurrir.

Los residentes y comerciantes del Ensanche Ozama no están pidiendo un favor. Están reclamando un servicio por el que pagan y que debería funcionar con la estabilidad que corresponde.

Porque reparar una avería una vez puede ser parte del mantenimiento. Reparar la misma avería una y otra vez, sin corregir su origen, es mantener vivo el problema.

Y mientras EDEESTE continúa apagando los mismos fuegos, en el Ensanche Ozama hay usuarios que siguen pagando por una electricidad que llega cuando quiere, falla cuando menos conviene y nunca falta a la hora de cobrar.