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La corrupción en SENASA, mancha indeleble para el gobierno y el PRM.

Por Jacobo Colón
Pocos escándalos de corrupción han revelado tan crudamente la podredumbre del sistema como el desfalco en el Seguro Nacional de Salud (SENASA).

Esta no es solo una mancha imborrable en el gobierno del presidente Luis Abinader; es una herida abierta que pesará por siempre en su legado.

 

Más allá de los números fríos de la corrupción, este caso representa un asalto directo a la dignidad humana, un robo sistemático que socava la vida de los más infelices, es un golpe perenne a los más humildes y vulnerables de nuestra sociedad.

La corrupción en SENASA no se mide únicamente en millones de pesos sustraídos.

Su verdadero horror radica en los destinatarios directos de ese dinero; los pobres, los enfermos, aquellos que dependen del Estado para acceder a un mínimo de atención médica.

Imaginemos a un paciente con una grave enfermedad acudiendo a un hospital, solo para descubrir que su cobertura ha sido «agotada» sin haberla utilizado jamás.

Es un acto deliberado de depredación que agrava la miseria de la clase más humilde.

Es robarle al pobre para agrandar la fortuna del que ya tiene muchos recursos, como quitarle el pan al hambriento y almacenarlo en los graneros de quienes ya acumulan riquezas.

Lo que hace este escándalo particularmente ruin y deleznable es su impacto en la salud pública.

En un país donde el acceso a la atención médica es un lujo para muchos, SENASA debería ser un salvavidas para los desprotegidos.

En cambio, se convirtió en un mecanismo para desviar fondos destinados a tratamientos vitales hacia bolsillos privados.

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Estamos hablando de quitarle la salud a quienes no tienen opciones alternativas, para fortalecer a élites que gozan de seguros internacionales y clínicas de lujo.

Es un acto no solo corrupto, sino malvado, bochornoso y vergonzoso, que trasciende los «simples» casos de malversación que hemos visto en administraciones pasadas en la República Dominicana.

Pero la indignación no termina ahí. ¡Lo más alarmante es la inacción del primer mandatario de la nación dominicana!

Es de público conocimiento que el presidente Luis Abinader tenía conocimiento de estas irregularidades un año antes de que el escándalo estallara en los medios de comunicación.

¿Qué hizo? Se limitó a entregar un informe a la Procuraduría General de la República, sin tomar medidas concretas contra el incumbente de SENASA.

Lo dejó en su puesto, permitiendo que el desfalco continúe hasta que la presión pública lo obligó a actuar.

Esta pasividad no es solo negligencia; es complicidad implícita que genera serios temores sobre la independencia de la justicia en casos que involucran a figuras del actual gobierno.

Por esta actitud tan negligente del presidente Luis Abinader existe un miedo fundado de que este caso se diluya en el olvido, sepultado bajo la impunidad que ha caracterizado tantos escándalos en nuestra historia.

Las implicaciones gubernamentales y las posibles complicidades en las altas esferas hacen que la ciudadanía dude de la voluntad real para perseguir a los responsables.

Y surge la pregunta ¿Será SENASA otro capítulo más en la larga saga de corrupción impune?

Si así fuera, no sólo se perpetúa la injusticia, sino que se enviaría un mensaje devastador: en la República Dominicana, robar a los pobres es un delito menor si se hace desde el poder.

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Esta mancha no sólo perdurará, sino que se expandirá, erosionando la fe en nuestras instituciones y condenando a más vulnerables a la miseria.

La corrupción en la salud no es un crimen abstracto; es un asesinato lento de la esperanza. Y eso, señor presidente, no se borra con informes ni con discursos en la semanal.

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