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La falta de transparencia en el Ayuntamiento Santo Domingo Este

Por Jacobo Colón
La transparencia es el pilar de una gestión pública honesta.

Cuando un gobierno municipal abre sus libros, da a conocer sus ingresos y egresos, y rinde cuentas claras a sus ciudadanos, demuestra no solo compromiso con la ley, sino también respeto por sus electores y por todos los munícipes.

Sin embargo, en Santo Domingo Este, bajo la administración del alcalde Dio Astacio, la opacidad parece ser la norma, no la excepción.

Esta actitud levanta serias dudas sobre la pulcritud en el manejo de los fondos públicos y genera un manto de desconfianza que el propio Astacio parece cultivar con su silencio.

Hace apenas unos meses, el exalcalde Manuel Jiménez señaló en un programa radial que la característica más destacada de la gestión de Astacio es su opacidad.

No se trata de una acusación ligera, sino de una observación respaldada por hechos concretos.

Un ejemplo claro es la negativa del Ayuntamiento de Santo Domingo Este a entregar información solicitada por el munícipe Surun Hernández y la Fundación Primero Justicia, amparados en la Ley 200-04 de Libre Acceso a la Información Pública.

Fue necesario que el Tribunal Superior Administrativo (TSA) interviniera, ordenando mediante sentencia la entrega de los datos sobre ingresos y egresos desde mayo de 2024 hasta mayo de 2025.

Si todo fuera transparente, ¿Por qué la negativa? ¿Qué se oculta tras las puertas cerradas del Ayuntamiento?

Esta no es una excepción aislada.

Como ciudadano, también he experimentado la misma resistencia al solicitar información sobre los contratos de publicidad otorgados desde noviembre hasta la fecha. ¿A quién beneficia este secretismo? ¿Por qué el Ayuntamiento se niega a revelar a quiénes se les asignan estos recursos?

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La gestión de Astacio se defiende tildando de difamación cualquier crítica, pero son sus propias acciones las que alimentan la percepción de oscurantismo.

Una administración que se jacta de honestidad no debería temer mostrar sus cuentas, detallar sus contratos ni responder a las solicitudes legítimas de los ciudadanos.

Al contrario, debería enorgullecerse de exhibir una gestión cristalina.

Sin embargo, el patrón de negación y evasión sugiere que hay algo que no quieren que sepamos.

La transparencia no es un lujo, es una obligación.

La Ley 200-04 de Libre Acceso a la Información Pública existe para garantizar que los ciudadanos tengamos acceso a la información que nos pertenece, porque los fondos públicos no son propiedad de Dio Astacio, sino de la gente.

Cuando un funcionario se esconde tras excusas o silencios, no sólo viola la ley, sino que traiciona la confianza de quienes lo eligieron.

¿Es esta la actitud de alguien que se precie de ser honesto? Dio Astacio tiene la oportunidad de cambiar esta narrativa.

Puede abrir las puertas del Ayuntamiento, entregar la información solicitada y demostrar que su gestión no tiene nada que ocultar.

Pero mientras persista en su postura de secretismo, los ciudadanos de Santo Domingo Este seguiremos preguntándonos; ¿qué esconde?

La respuesta, por ahora, está enterrada bajo un velo de opacidad que solo la transparencia puede disipar.

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