Por José Veras
epública Dominicana exhibe cifras “positivas” de crecimiento económico, creación de empleos, inversión y expansión de sectores productivos.
Sin embargo, detrás de esos indicadores existe una realidad visible con miles de empresas, especialmente micro y pequeñas, que enfrentan serias dificultades para mantenerse abiertas, rentables y formalizadas.
Esto no significa necesariamente que el país atraviese una crisis macroeconómica tradicional. El problema es más específico y precisamente por eso, es más preocupante, mientras las autoridades presentan que la economía crece, una parte importante del tejido empresarial se debilita, languidecen, y desaparecen.
Los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) muestran la magnitud del fenómeno. Entre 2020 y 2024 desaparecieron 19,584 empresas formales, asociadas a la pérdida de 152,260 empleos formales. De ese total, 17,282 eran microempresas, equivalentes a mucho más del 80 % de las empresas que dejaron de operar. A esta cifra habría que sumarle los miles de negocios informales que también han desaparecido, aunque de estos no existen estadísticas precisas debido a su propia condición de informalidad.
En otras palabras, casi 8 de cada 10 empresas desaparecidas pertenecían al segmento más pequeño del tejido comercial.
Este dato revela que la mortalidad empresarial no afecta a todos por igual, las microempresas están pagando el precio más alto, promovida por el descalabro del sector eléctrico y las altas facturaciones, sin ningún subsidio o exenciones directo como sucede con las grandes empresas.
Las micro empresas, son el eslabón más vulnerable de todo el tejido comercial, y como economía circular constituyen una de las principales fuentes de ingresos para miles de familias dominicanas.
Colmados, productores agrícolas, salones de belleza, talleres, restaurantes, cafeterías, pequeños comercios, servicios profesionales, fabricantes, negocios de transporte, y todos los variopintos negocios que existen en los Mercados Públicos del país, son la locomotora productiva que sostiene gran parte de la actividad económica en barrios y comunidades de toda la geografía de la República Dominicana.
Sin embargo, su reducido tamaño y falta de apoyo estatal limita su capacidad de resistencia, puesto que estas empresas suelen disponer de menos capital, menor acceso al crédito y escasos márgenes para enfrentar aumentos de costos, visto el caso que recientemente denunciamos de las actuales autoridades del PROMIPYME, que en esta gestión censura, castiga y penaliza a los miles de hombres y mujeres que tienen historial de cumplimiento basado en años de trabajo, responsabilidad y seriedad, negándoles conquistas adquiridas con tasas preferenciales para producción y la generación de nuevos empleos, además de penalizar con el cobro de comisiones ilegales a cuotas proyectadas sin vencerse. Este esquema se agudiza con el encarecimiento de los productos e insumos, sumado a las caídas en las bajas ventas y períodos prolongados de iliquidez. También deben competir con empresas más grandes y con negocios que operan fuera de la formalidad.
Los datos de 2024 confirman esta vulnerabilidad. Ese año según los datos de la ONE cerraron 5,417 establecimientos formales, de ellos 4,791 correspondían a empresas con entre uno ( 1 ) y diez ( 10 ) trabajadores. Esto representa el 88.4 % de los establecimientos que cerraron sus operaciones.
La tendencia continuó en 2025. La ONE registró 5,784 muertes empresariales dentro del universo formal estudiado. De estas, 5,327 correspondieron a empresas de uno ( 1 ) a diez ( 10 ) trabajadores, más del 92 % del total.
Estas cifras no son simples registros administrativos. Detrás de cada negocio desaparecido hay propietarios que perdieron sus ahorros, familias que asumieron compromisos bancarios poniendo en garantías sus casas y propiedades, y pierden su fuente de ingresos para solventar compromisos, trabajadores que quedan desempleados y comunidades que pierden la actividad económica.
Las micro y pequeñas empresas enfrentan una combinación de presiones que reduce su capacidad de supervivencia. Sus costos operativos han aumentado, pero estas no siempre pueden trasladar esos incrementos al consumidor sin perder competitividad.
El pequeño comerciante debe asumir gastos laborales, alquileres, apagones, abusivas facturas eléctricas, transporte, financiamiento, impuestos, mantenimiento y eventos naturales. Al mismo tiempo, compite con cadenas comerciales, plataformas digitales, empresas de mayor tamaño y negocios informales.
Una empresa grande puede distribuir un aumento de costos entre un volumen elevado de ventas. Una microempresa, en cambio, opera con márgenes reducidos, donde un incremento relativamente pequeño en el alquiler, la electricidad o el precio de los insumos puede convertir una operación rentable en un negocio deficitario.
Muchas micro empresas no cuentan con garantías suficientes, historial crediticio o capacidad administrativa para obtener préstamos en condiciones favorables con tasas preferenciales, No tienen subsidios ni exoneraciones gubernamentales como tienen las grandes empresas, razón por la cual están obligadas a recurrir a créditos costosos o financiar sus operaciones con recursos familiares, lo que aumenta su vulnerabilidad.
Cuando Muere una Pequeña Empresa, no desaparece solamente un negocio, también se pierde una oportunidad de empleo, una fuente de ingresos familiares, una inversión de años y muchas veces el proyecto de vida de una persona que decidió emprender.
El desafío de República Dominicana, y la visión del nuevo gobierno debe tener equidad, y no debe ser excluyente, dirigido a beneficiar un microscópico grupo como históricamente ha sido, más bien debe estar dirigida en lograr que ese crecimiento sea amplio, transversal, sostenible, e inclusivo, de manera que su bondad nos cubra a todos y permita sobrevivir y prosperar al Pequeño Empresario Dominicano…..#DVERAS..
