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¿Quién entiende este amor?. Estamos enfermo de prisión

Por: Valentín Medrano Peña

Si bien el Ministerio Público del pasado, con reflejos similares en toda la América Latina, prohijó un estadio de exageración en lo relativo a sus pedimentos de prisiones preventivas como medidas de coerción, las que como sabemos, en la mayoría de los casos, fueron acogidas por los jueces, y nos legaron un abultado numero de presos preventivos que inhumanizó el sistema penitenciario, sobre abultando su capacidad de recepción de reclusos, lo que produjo, luego de muchos estudios de parte de las más iluminadas mentes del continente convocadas por la Organización de Estados Americanos (OEA), la condena a las alegres prisiones preventivas. La OEA entendió como excesivas nuestras prisiones preventivas.

Nuestra Constitución y nuestras leyes adjetivas proscriben esta festinación de preventismo coercitivo. Definen como excepcional estas medidas, y en consonancia con el principio de “Mínima Intervención” procuran disuadir de la acostumbrada huida al derecho penal como vía de solución de conflictos. La regla es la libertad, la norma lo norma, así como también nos convoca a privilegiarla. Los abogados lo hemos aprendido, aveces, cuando estamos como querellantes olvidamos lo que debe ser un sacerdocio, entonces, no es que sea una actitud que esté muy bien acentuada y entendida del todo.

Los comunicadores la cuestionan, hacen causa común con la OEA, Naciones Unidas y los concilios de Derechos Humanos, escriben y proscriben, pero aveces olvidan también su compromiso, y es ahí cuando se suman a la cafia sedienta de sangre y martirios, y piden y exigen y claman prisiones, que nos degradan tanto como al mancillado.

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Hace apenas horas, dos excelsos fiscales, dos laboriosos y honestos, laureados, honrados y conscientes, solicitaron ante un delito de características económicas una no prisión en un proceso, medidas alterna, y se colocaron en el mismo trayecto del Sol, de la humanidad, la constitucionalidad y de la ley, y lejos de ser aplaudidos y exhortados al buen comportamiento digno de émulos, Carlos Vidal y Karina Concepción, fueron sutilmente atacados por comunicadores sañosos, que prefirieron titular su trabajo diciendo “y no le solicitaron prisión preventiva”, como queriendo sugerir que lo que es la norma y debe ser lo normal, era un acto inadecuado. ¿Quién entiende este amor?

Vender periódicos, ocupar titulares, ganar likes, procurar un puesto en la boca pública, jamás debe ser logrado con cargo a la disminución de derechos, garantías y libertades. La acción de estos fiscales es loable, correcta y digna de encomios, así que bajo ninguna circunstancia debemos trocar el debido espaldarazo por un porrazo inmerecido.

El sistema debe ser sanado. Y son acciones como estas los remedios necesarios para aproximarnos a un verdadero sistema de derechos, que garantice el régimen de consecuencias acompañado de un trato digno a todos los involucrados en el conflicto penal.

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Actualizado el: 23 junio, 2021 - 2:04 PM (-04:00)
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