lunes, 4 de mayo de 2026
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Sacrifican lectura y cultura en opaca feria del libro 2024

Por Ramón Peralta
Al parecer, la Feria internacional del Libro de este año 2024 se realizó solo para cumplir con los requisitos de que en República Dominicana no dejara de celebrarse, ya que no tiene el brillo ni la espectacularidad de años anteriores.

Una de las novedades positivas de este año es que las instituciones cercanas, como la MESyCT y la UNIBE, ofrecieron parqueos a los visitantes, además de los estacionamientos en el Centro Olímpico y Bellas Artes. De igual manera, todos los lugares, librerías, editoriales, universidades y países invitados están ubicados dentro de los edificios que conforman la Plaza de la Cultura, tales como museos y el Teatro Nacional, lo que facilita que los visitantes puedan disfrutar de las atracciones bajo techo, en un mes tan lluvioso como noviembre. Otro aspecto positivo es que los precios de los libros físicos estaban bastante asequibles, con excepción de los libros de texto y literatura infantil, que resultaban excesivamente caros.

Las grandes editoriales representadas en el país se acomodaron todas en un espacio denominado «Pabellón de las Editoriales», donde cada una tiene un pequeño puesto para ofrecer sus libros, en lugar de las grandes casetas creativas que solían exhibir de manera individual.

Las tradicionales estructuras dedicadas a Balaguer y Bosch apenas son pequeños espacios dentro del «Paseo de la Literatura».

Tradicionalmente, el pabellón de la ciudad invitada era un espacio único que ofrecía una experiencia singular e irrepetible al visitante de la feria. Sin embargo, este año, dedicado a la comunidad de Washington Heights, se encuentra en un área mal iluminada de una parte olvidada del segundo nivel del Museo de Historia y Geografía. Al llegar allí, sentimos pena y vergüenza por el trato despectivo que se le da a la comunidad dominicana en el extranjero, que es una de las que más aporta a la economía del país.

El pabellón dedicado a Mateo Morrison no tiene el esplendor que correspondería a un artista de su categoría.
Con la modernidad y el desarrollo de la inteligencia artificial, la Feria Internacional del Libro 2024 mostró a República Dominicana como un país pobre en inversión en valores culturales y fomento de la lectura.

Las ferias internacionales del libro en República Dominicana que más esplendor tuvieron fueron las tres últimas del siglo pasado y las realizadas entre 2005 y 2012. Quizás eran tan memorables y contaban con tantos recursos porque el presidente de esos años era un lector y amante del desarrollo cultural. Sin embargo, no aspiramos a que sea un acontecimiento igual al de la época dorada de esos eventos, pero al menos no queremos retroceder tanto en materia cultural.

Los defensores de la modesta Feria Internacional del Libro 2024 argumentan que estamos en un momento de austeridad, donde el gobierno dominicano busca evitar los derroches, lo cual es entendible. No obstante, algunos intelectuales critican que se sacrifique la promoción de la lectura y los libros, mientras que el director del Gabinete Social gasta 29 millones de pesos al año en asesores para asuntos sin importancia; que la ética gubernamental permita el derroche de casi un millón de dólares en un evento en un hotel de lujo; o que un funcionario alquile un local por más de 1,400 millones de pesos por diez años, cuando con esa cantidad podría comprar o construir tres locales similares.

A pesar del bajo presupuesto y la falta de brillo, felicitamos a la ministra de Cultura por la organización de la feria, por la facilidad de los parqueos y por tener la valentía de llevar a cabo este evento en 2024, contra viento y marea.