Darío Nin
Darío Nin

El teleférico muestra la telemiseria y demanda la construcción de un nuevo metro

Por Dario Nin
La telemiseria.– Invité a mi esposa y mis pequeñas hijas y salimos a gastar 20 pesos en el gran recorrido del metro y el teleférico de Santo Domingo. Esos veinte pesos nos duraron mucho (¡que mucho… muchísimo!), pues tomamos el metro en la estación Concepción Bona e hicimos una escala en Gualey.

De allí, subimos al teleférico y llegamos a Sabana Perdida (hoy Sabana Pintada como la bautizó una de mis hijas, pues ya la encontraron y para que no se vuelva a perder pintaron los techos de sus edificios. En ese recorrido hicimos una escala en los Tres Brazos (todavía los tiene a pesar del robo), otra en el centro de Sabana y la tercera en la Charles de Gaulle.

De ahí, de vuelta a Los Tres Brazos, y a Gualey a tomar el metro e ir a hacer la transferencia a la línea uno, rumbo a la estación Mamá Tingó, Villa Mella, (Ya no hay chicarrón allí, ni permiten vendedores de estos en el metro)

De la Mamá Tingó a la Feria, de la Feria a la Máximo Gómez con John F. Kennedy y de Ahí otra vez a la Concepción Bona o sea a la zona oriental, Santo Domingo Este, al lado del ayuntamiento y todo eso, por veinte pesos.

Si pido más, “soy un gandío” como diaria una tía que hace un tiempo se le acabó su estadía en este mundo (a propósito de estadía en este mundo) ¿A quién se le habrá ocurrido poner el nombre de Los Tainos a la parada del metro en la avenida Nicolás de Ovando? acaso no sabe lo que le hizo Ovando a este pueblo,! Caray que cachaza.

Sigamos…, en el metro pude observar que los dominicanos de a pie, estamos aprendiendo a ser educados, no cruzamos la línea amarrilla, casi esperamos que bajen para subir (ahí nos faltan algunas lecciones), pero ya dentro hay un comportamiento ejemplar niños, envejecientes, minusválidos y embarazadas, tienen preferencia en los asientos y los usuarios lo cumplen al pie de la letra.

Cuando estudiaba en la primaria descomponía las palabras por su estructura y buscábamos su significado, por ejemplo, la palabra televisión es una palabra compuesta por tele que significa lejos, visión, que es ver o sea que televisión es ver lo que está lejos (si lo tomamos literalmente) teleférico es una palabra que según he podido investigar fue tomada de una frase francesa (telepherique) que a su vez viene del griego y significa llevar lejos. De ahí que todo lo que lleva a uno lejos es un teleférico.

Bueno…, pero parece que yo tengo un teleférico en mi imaginación que me llevó muy lejos. Mientras me jalaban (halaban si se prefiere) de Gualey a la Charles de Gaulle y de la Charles a Gualey, se me juntaron los años 1920 con el 2020 o sea tuve un lapsus de cien años, pues mientras estaba en el metro y el teleférico no tenía ninguna duda que estaba bordeando el 2020, ahora cuando desde el teleférico miraba hacia abajo no tenía ninguna duda que esa gente que veo desde ese teleférico vive una telemiseria que viene transportada desde muy lejos quizás desde 1920 o “cuidao” si más”

Ese teleférico es mágico, nos enciende (por lo menos a algunos) un televisor mental para ver la telemiseria, la tele injusticia, la tele discriminación, la tele inconciencia, la tele demagogia, el tele robo ancestral, la tele ambición de unos cuantos, pero también la tele esperanza de un despertar de conciencia y el valor de la tele dignidad.

Hoy el progreso que pretendemos exhibir es un tele progreso, porque mientras volamos bajito, por el cable o por el puente en la parte de abajo, la miseria nos hace llegar el vapor de una cañada pestilente y nauseabunda como diría doña Zoila, el ritmo de una bachata de mala muerte, que amarga el corazón, apaga el buen espíritu y saca los sentimientos más escondido capaz de sacarle filo de muerte a la propia muerte.

Mi imaginación me lleva a pedir un nuevo metro, pero para carga intangible, capaz de cargar la dignidad humana que le ha servido de fundamento al Estado Dominicano, para proclamarse como un estado social y democrático de derecho; para distribuirla de puerta en puerta y llevarle la que le toca a cada dominicano.

Un metro capaz de cargar con la justicia social, proclamada en la Constitución, leyes, articulados de códigos, resoluciones y decretos, para cambiarla por la injusticia y la iniquidad que se enquista en la práctica en cada actuación de quienes majean poder político o económico en todos los tiempos y espacios.

Un metro cargado de conciencia para hacer ver a los de a pie que, si se empoderan, nadie puede majarles como paja de arroz para abono de la tierra y que le lleve conciencia a los poderosos, para que puedan ver que la ambición rompe el saco y que su afán desmedido de acumular y acumular le cavará su propia tumba económica, cuando los descalzos suban y se calcen con lo que ellos han acumulado.

Conciencias a los políticos para que se le acabe su demagogia y hagan y den por hacer y por dar, lo que fueron llamados a dar y hacer, no para sacar capital político a cambio de traficar con la miseria ajena. Se dejen de criticar cuando están en la oposición y una vez que llegan traicionan la confianza y son peores que los que antes detractaban.

¡Caray…, pero ya lo dije: ¡Qué imaginación la mía! Se me olvidó que lo que pagué fueron veinte pesos y que, si pido más, no soy más que “un gandio” (gandido). Como me diría mi tía.

Hasta la próxima.

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