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Emprendedores de Los Mina Viejo: «votamos por ellos y ahora estamos peores» + Vídeos

Por Robert Vargas
El alcalde Manuel Jiménez y sus hombres han logrado en pocos días sembrar la desesperanza, la incertidumbre y el desaliento entre los vendedores del mercadito de Los Mina Viejo, quienes dicen «votamos por ellos y ahora estamos peores».

Jiménez debe estar claro que esos vendedores no se quedarán de brazos cruzados, aunque él envíe hombres armados a disparar, o a rociarle gas pimienta.

Tampoco están dispuestos a permitir que personas con actuaciones tipo matones o asaltantes les roben, literalmente,  sus mercancías.

El pasado sábado, un grupo de empleados del Ayuntamiento de Santo Domingo Este, entre los que hay oficiales superiores de las Fuerzas Armadas, llegó hasta la intersección de la avenida Fernández de Navarrete y calle Horacio Ortíz Alvarez.

En pocos segundos, cargaron con cuantas mercancías encontraron sobre mesas que estaban en la acera.

Cuando uno de los vendedores intentó proteger con su vida su mercancía, los hombres de Manuel Jiménez le rociaron gas pimienta, mientras un capitán descargaba su pistola disparando hacia arriba.

El resto de los policías, militares y civiles armados tomaron «posición de combate» y continuaron cargando con todo lo que pudieron.

Luego, en medio del repudio generalizado, huyeron del emblemático lugar.

Lo que diferencia al Mercadito de Los Mina Viejo de otros «mercados improvisados» en SDE

Hace muchos años, décadas, probablemente 60 años, cuando Santo Domingo Este no existía, ni tampoco Vietnam, Katanga ni el barrio Puerto Rico, como son ahora, aquellos hombres y mujeres llegaron a Los Mina Viejo, y se instalaron en esa esquina.

Llegaron siendo jóvenes. Eran tiempos en que la delincuencia era escasa y Los Mina atraía a multitudes de trabajadores por convertirse en un centro fabril.

Allí estaban la fábrica de tela Téxtil Los Mina; la fábrica de Pinturas Dominicanas (PIDOCA); Aluminios Rhomer; las fábricas de Aceites Ambar; la Algodonera; una fábrica industrial de calzados y una curtidora de pieles de reses, y hasta una fábrica de galletas.

O sea, que Los Mina era un centro fabril con trabajadores que cada quincena cobraban sus salarios y con ellos compraban sus alimentos y el de sus familias.

Fue en ese ambiente cuando, aquellos hombres y mujeres, también llegados del campo, se instalaron en la avenida Arzobispo Fernández de Navarrete, que no tenía ese nombre, sino avenida «Penetración Oeste».

Eran tiempos en que los choferes de concho llevaban los pasajeros desde Los Mina hasta «Los Bomberos», próximo al parque Independencia por unos pocos centavos, eso sí, con la condición de que los asientos delanteros quedaban reservados para las mujeres residentes en el ensanche Ozama.

Los residentes en el ensanche Ozama veían a los de Los Mina como personas de segunda y, por tanto, los choferes del concho, si querían que las mujeres de aquel barrio construido por Trujillo se montaran en sus vehículos, tenían que reservarles los asientos delanteros.

Así, en ese ambiente, puede decirse que aquellos que instalaron sus mesas para vender en el Mercadito de Los Mina Viejo, fueron emprendedores con toda regla. Se atrevieron.

Allí se casaron, tuvieron hijos. Sus hijos siguieron con los negocios, y nos nietos también. Los que aún allí permanecen no saben hacer otra cosa más que vender en el mercado.

Ahí no hay extranjeros, nadie va de otro lugar. Son todos vecinos que se conocen desde sus tatarabuelos.

No existe nadie en Los Mina que tenga 65 años o menos que no conozca ese mercadito. Existe una vinculación sentimental entre el vecindario y los mercaderes, ninguno delincuente. Todos gentes de trabajo.

Por eso, cuando ellos vieron cómo, por orden de Manuel Jiménez el ayuntamiento cargaba con sus mercancías, sintieron que se les escapaba la vida y que el síndico se las estaba arrebatando.

Por eso, por sus vidas, están dispuestos a pelear.

Varios de estos vendedores conversaron con Ciudad Oriental, algunos, sobre todo los más viejos, estuvieron a punto de llorar; pero los más jóvenes, están dispuestos a dejar su vida en el camino y, si alguno muere, la culpa habría que buscarla en el Ayuntamiento de Santo Domingo Este.

En nuestra conversación, uno de los vendedores explicó que han tratado de lograr algún acuerdo con las autoridades del ASDE, pero a estos, a su entender, lo único que les interesa es robarle sus mercancías, las que defenderán con su vida.

Es conocido que la mayoría de ellos, aspirando a mejorar su situación, votaron por «el cambio» que creía representaba Manuel Jiménez, pero ahora el asunto es peor. Y parece que están arrepentidos y que es el Partido Revolucionario Moderno quien tendrá que pagar las hierbas que otro burro se estaría comiendo.

La alcaldía amenaza con llevar a la justicia a los mercaderes

Ayer, el Director de Seguridad del Ayuntamiento de Santo Domingo Este, Fausto Ortíz, le dijo a Ciudad Oriental que este lunes esa institución evaluaría la posibilidad de llevar a la justicia a los mercaderes que presentaron resistencia al despojo de sus mercancías.

Aseguran que tienen vídeos con los que pueden demostrar a resistencia de los mercaderes, lo que estos ni niegan y aseguran que están dispuestos a conversar con el ASDE para regularizar lo que hicieron sus padres y abuelos, y que han continuado ellos.

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