sábado, 9 de mayo de 2026
Santo Domingo Este: 24°C

Los reductores de velocidad de Dio Astacio: ¿Seguridad o peligro para Santo Domingo Este?

[author title=»Por Jacobo Colon» image=»https://ciudadoriental.com/wp-content/uploads/2023/01/jacobolon.jpg»][/author]
ace unos años, un familiar cercano presentaba una insuficiencia respiratoria, salieron con él para el hospital Luis Eduardo Aybar, al vehículo que lo trasladaban se le estaba vaciando una goma delantera, el conductor se detuvo en una estación de combustible para llenarla, en este proceso perdió algunos minutos.

Al informarme salí para el hospital, al llegar una doctora de emergencia exclamó, ¡acaba de fallecer! hace apenas unos 3 minutos, ¡Si hubiera llegado antes! Si llega 3 minutos antes se salva la vida de una persona de apenas 37 años de edad.

En un intento por controlar la velocidad de los conductores en las calles de Santo Domingo Este, el alcalde Dio Astacio ha implementado la colocación de reductores de velocidad, conocidos popularmente como «policías acostados».

Si bien esta medida busca frenar a los conductores imprudentes, su ejecución sin planificación ni consenso con otras instituciones estatales está generando serias preocupaciones entre los ciudadanos y pone en riesgo la seguridad pública.

Estos obstáculos de cemento, efectivos para reducir la velocidad de vehículos particulares, no han considerado un factor crítico, el más importante que debió evaluar una alcaldía responsable antes de implementarlos.

El impacto que tendrían en los servicios de emergencia, ambulancias, carros policiales y camiones de bomberos que necesitan transitar con rapidez para atender situaciones de vida o muerte.

Estos se ven obstaculizados por estos reductores.

La demora en llegar a un llamado de auxilio podría significar la diferencia entre la vida y la muerte, o entre contener un incendio y permitir que se extienda causando pérdidas irreparables.

La falta de coordinación y comunicación con entidades como el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911, el Cuerpo de Bomberos y la Policía Nacional es evidente.

Estos organismos dependen de la agilidad para cumplir con su misión, y los «policías acostados» representan un impedimento directo a su labor.

La pregunta que surge es: ¿quién asumirá la responsabilidad si una ambulancia llega tarde y un paciente fallece? ¿O si un incendio se agrava por la demora de los bomberos?

La responsabilidad recaería directamente en el alcalde Dio Astacio, cuya decisión de implementar estas medidas sin un análisis exhaustivo podría tener consecuencias trágicas.

Ayer pude observar las dificultades de una ambulancia que venía con la sirena encendida en señal de que llevaba un enfermo consigo, frente a Megacentro, en la carretera mella duró más de 15 minutos para atravesar la Avenida San Vicente de Paul y si la tardanza no acaba con la vida del paciente, lo hizo los movimientos bruscos que experimentó esa ambulancia al tener que pasar por tres muros de concretos, uno al lado de otro.

Nadie podrá saber si murió, el alcalde ayer durmió en paz en la comodidad de su hogar, él tal vez nunca se entere que acababa de contribuir con la muerte de un niño, una joven o una señora, ni siquiera los familiares del difunto responsabilizarán a la alcaldía, nadie se los dirá.

La intención de mejorar la seguridad vial no puede hacerse a costa de la eficiencia de los servicios de emergencia.

Una planificación adecuada, que incluya consultas con todas las instituciones involucradas, es fundamental para garantizar que las medidas sean efectivas sin comprometer la respuesta ante emergencias.

La Policía Nacional que tenga que perseguir a algún delincuente o que acuda ante un llamado de auxilio, si tiene que cruzar la carretera Mella, frente a Megacentro o cruzar por la calle Virgilio Mainardy Reyna, en Alma Rosa, es mucho mejor que se quede en su destacamento.

Esta es la gestión municipal de las improvisaciones, de los antojos de un Alcalde, de imitar aquellas cosas que observa en cualquier país que ha visitado y no entiende que cada país tiene una realidad diferente.

Ante todo, Dio Astacio expresa que él es el gobierno municipal, que tiene autonomía y hace lo que quiera en su municipio, aún a costa de muertes por la tardanza de los servicios de emergencias.

Alternativas como señalizaciones claras, reductores de velocidad removibles o diseños que permitan el paso rápido de vehículos de emergencia podrían ser soluciones más equilibradas.

Santo Domingo Este merece calles seguras, pero también un sistema que no ponga en riesgo la vida de sus ciudadanos.

La improvisación siempre trae resultados catastróficos,

Es imperativo que el ayuntamiento reevalúe estas medidas y priorice la coordinación interinstitucional.

Estoy plenamente convencido que seguirán muriendo más munícipe por llegar tarde a las emergencias, el cuerpo de bomberos continuará asistiendo cuando los incendios se hayan propagado más, y la Policía Nacional no podrá llegar temprano a auxiliar a las víctimas y apresar a los delincuentes.

El orgullo de Dio Astacio no lo dejaría rectificar, es más, los seguirá colocando, es su naturaleza.