jueves, 21 de mayo de 2026
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Drogas, Causas O Consecuencias?

Por: Ramón Ant. Ocumarez P.
a maldad del mal no consiste en él, pues siempre ha existido, sino en su abundancia.

Siempre hemos tenido personajes populares, con trastornos mentales congénitos; son parte de nuestra vida social: Chochueca, El Capitán, Barajita, Clinche, Fremio, José Ureña (Jany Ventura) y otros; estos no eran agresivos, todo lo contrario, se caracterizaban por su jovialidad.

En la actualidad deambulan por las calles otros tipos de enfermos; en su mayoría inducido por las drogas; solo hay que transitar por los barrios; jóvenes presentes pero sin presencia intuitiva; rostros desencajados, miradas vacías, mal olientes; mendigos y limpiadores de cristales en los semáforos; para nadie es un secreto que los recursos obtenidos son destinados a la compra de estupefacientes.

Ya existen establecimientos de narcóticos, para no decir puntos, pues son conocidos con nombres y direcciones por todos; donde se promueve la variedad, calidad y precio del producto, tal si se tratase de un comestible o vestimenta… y si de precio se habla, parece que está muy barata, pues es asequible a cualquier pordiosero; lo que a su vez se traduce a su mala calidad; y por ende, sus efectos deben ser devastadores para la salud mental.

La tendencia a la permisibilidad o aceptación es tal que existen locales de expendio de bebidas donde se resaltan los capos internacionales de las drogas.

Los motivos para escribir estas preocupaciones son los espeluznantes hechos ocurridos recientemente en nuestra sociedad; por su cantidad, frecuencia, características y los malestares ocasionados; los cuales no me atrevo a enumerar porque laceran mi alma y afectan mi tranquilidad; pero sí me llama la atención, el eufemismo con los que son tipificados estos hechos macabros por profesionales de la salud, funcionarios y autoridades gubernamentales; casi todos señalan, de manera simplista, las posibles causas: falta de profesionales de la salud, situación económica, falta de empleo, desintegración familiar, falta régimen de consecuencias, machismo; pero nunca apuntalan que la causa es el consumo de estimulante para poder realizar esas detestables y repugnantes atrocidades.

Ya es normal olfatear estas nocivas sustancias, en su consumo, al transitar cualquier lugar.

Es de conocimiento público el consumo de estas sustancias, en forma casi generalizada, pues se hacen pruebas en las diferentes entidades y sectores sociales de República Dominicana; en ocasiones, por el comportamiento denunciado, las instituciones responsables recomiendan se hagan análisis toxicológicos; entiéndase las organizaciones de servicios públicos y privados; deportivas, escolares, de choferes de camiones y guaguas; motoconchistas, militares, deportivas, en fin, parece que todos, o casi todos, estamos permeados por esta maldición.

Será que se está haciendo agenda, en el amplio menú de la tolerancia social, esta práctica para el efecto pan y circo ?.