martes, 21 de abril de 2026
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Al pueblo dominicano, el PRM le niega hasta el comer

Por Carlos Rodríguez
n los pasillos de nuestros mercados, entre el bullicio de las bachatas y el costo asfixiante de las habichuelas, el arroz y la carne, se respira una realidad que recuerda a la obra maestra de Gabriel García Márquez. Gabo, aquel entrañable amigo del profesor Juan Bosch —a quien acompañó en jornadas memorables en el Club Mauricio Báez de Villa Juana—, retrató magistralmente en El coronel no tiene quien le escriba a un veterano esperando una pensión que nunca llega. Hoy, esa ficción se ha transmutado en la tragedia dominicana. Mientras el trabajador suda para comprar el bacalao a precios de lujo, el Estado permanece sordo, convirtiendo la vida ciudadana en una eterna carta enviada a un destinatario que ha decidido ignorar el hambre de su propia gente.

La ironía es cruel. Mientras el coronel de Gabo representaba la dignidad en la pobreza, resistiendo con orgullo frente a las carencias, nuestra realidad revela una inmoralidad institucionalizada: este gobierno del PRM entrega pensiones de privilegio a quienes «no han dado un palo al agua», mientras el ciudadano de a pie —quien construyó este país con su trabajo y sus impuestos— ve cómo su sustento se desvanece o su pensión no llega, ante la indiferencia de un presidente que olvidó su función social. El gallo de la novela representaba la fe en la justicia; en la Quisqueya actual, la justicia es selectiva y el único «gallo» que alimenta el PRM es el de la propaganda y la publicidad, olvidando que una sociedad no sostiene su futuro sobre la base de la exclusión y el nepotismo.

Es urgente aplicar la metáfora del espejo retrovisor: mirar atrás no es anclarse, es evitar chocar el auto en el que viajamos todos. El gobierno ha intentado borrar la historia, hostigando y descalificando, pero hoy —irónicamente— “han tenido que pedir auxilio a quienes ayer despreciaron”. Olvidan que un pueblo con memoria no se deja engañar. El problema no es un partido ni un candidato; el problema es el hambre en la mesa del trabajador, es el joven sin futuro tecnológico y el profesional cuyo salario se evapora antes de la quincena. Estamos ante una administración que gobierna para unos pocos, despreciando la dignidad de quienes, como el coronel de la obra, siguen esperando una respuesta que la burocracia se niega a enviar.

Ya no basta con escribir cartas al vacío; la indignación debe transformarse en conciencia. El proyecto que nos une sabe que el motor de la nación es su gente, no la arrogancia de quienes hoy ocupan el Palacio. Si el gobierno insiste en pisotear nuestras conquistas y mantener la mesa vacía, que no se equivoquen: no será una figura política el problema, ¡serán ustedes, los dominicanos, exigiendo el derecho a vivir con decoro! La patria no puede seguir esperando la pensión de la justicia mientras el PRM se reparte el Estado como un botín; la resistencia pacífica y la memoria son nuestras únicas armas para rescatar el país que nos han robado y devolvernos la dignidad que, hasta hace poco, sabíamos defender.