
Por José Núñez
Acomodados a un mundo totalmente materialista, estamos atrapados en una sociedad de consumo, donde te señalan que si no compras no estás en nada.
En esa cárcel consumista nos hemos degradados y no hay tiempo para cosas espirituales.
Aspiramos a lo suntuoso: vehículos, casas, ropas, fragancias y otras vanidades. Pensamos que presumir esos bienes nos da prestancia social, pero olvidamos el concepto bíblico de la vida.
Jesús dijo: “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.
Y el apóstol Juan añade: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Jorge Luis Borges escribió:
“Es tan triste el amor a las cosas; las cosas no saben que uno existe.»
