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«¿Dónde Están los Ladrones? La Impunidad que Desdibuja el Futuro Dominicano»

Por Carlos Rodríguez
La alarmante cifra de 55 mil millones de pesos robados que hasta el momento es el escándalo del Senasa nos enfrenta a una dura realidad: un sistema corrompido que prioriza el enriquecimiento personal sobre el bienestar colectivo. La pregunta en las calles es la misma que se plantea en las letras de Shakira: “¿Dónde están los ladrones?” La respuesta parece eludir a un gobierno del PRM que, en lugar de hacer frente a esta grave acusación, se comporta como un espectador ciego ,sordo y mudo . Esta situación no solo pone en riesgo las arcas públicas y a si plantean una reforma fiscal , sino que también pretenden despoja de servicios y derechos fundamentales a la población más vulnerable.

Los culpables de este desfalco han hecho de la administración pública fueron nombrados por el presidente, pero él no sabe nada del terreno de juego ni nada de lo que se hacía ,mientras ellos utilizaron su poder discrecional para desviar fondos y crear “demandas cautivas”. Lo más inquietante es que, lejos de ser condenados a cumplir penas en instituciones penitenciarias, muchos de estos delincuentes continúan disfrutando de su vida en la comodidad de sus hogares, riéndose del sistema que se supone debe ser su verdugo. Solo un cambio radical en la gestión del poder puede devolver la credibilidad a nuestras instituciones y asegurar que los verdaderos delitos no queden impunes.

Cada día que pasa, la corrupción se arraiga más en la cultura administrativa dominicana, fortaleciendo una red de complicidad que abarca clanes familiares, políticos y económicos. La falta de un verdadero liderazgo que priorice la justicia social se traduce en un desinterés por el bienestar de los ciudadanos, que observan impotentes cómo aumentan las desigualdades. Las palabras de Juan Bosch resuenan con innegable fuerza: “Los animales iguales son los que andan juntos”. La evidente complicidad entre los que ostentan el poder y aquellos que saquean las instituciones establece un círculo vicioso que impide el progreso social.

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Reflexionemos sobre el papel de la ciudadanía en este escenario. Es imperativo que la población esté empoderada y exija a sus representantes un gobierno transparente y comprometido con el bienestar general. La lucha contra la corrupción no debe ser solo un discurso vacío, sino un movimiento colectivo que impulse cambios significativos. Solo así podremos desmantelar el entramado corrupto y trabajar por una nación donde la justicia y la equidad prevalezcan, haciendo eco de la voz de aquellos que claman por un futuro digno.

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