Fuera de dudas: la comunidad, el Ministerio Público, ni la PN pueden con La Tablita

Fuera de dudas: Chapman, con su apariencia de anciano inofensivo, ha logrado meterse en el puño a sus vecinos, a la Policía Nacional, a su Unidad anti ruidos; al servicio de urgencias 911, al Ministerio Público y, muy posiblemente, a los Jueces que conducen un juicio en su contra por ocupar los espacios públicos y escandalizar.

Por Robert Vargas
Ya está plenamente comprobado: el empresario dedicado a la industria de la diversión más poderoso de Santo Domingo Este es Juan José Chapman, propietario de “La Tablita”, uno de los más populares establecimientos  de bebidas que recibe a sus miles de clientes en las aceras y en medio de la calle, de las que estos se apoderan por completo.

Chapman, con su apariencia de anciano inofensivo, ha logrado meterse en el puño a sus vecinos, a la Policía Nacional, a su Unidad anti ruidos; al servicio de urgencias 911, al Ministerio Público y, muy posiblemente, a los Jueces que conducen un juicio en su contra por ocupar los espacios públicos y escandalizar.

El Ministerio Público pudo obligar a que todos las discotecas de la avenida Venezuela colocaran cristales anti ruidos; que hicieran lo mismo los establecimientos similares de la calle Marcos del Rosario y otras avenidas.

Juan José Chapman, propietario de La Tablita, de Los Mina
Juan José Chapman, propietario de La Tablita, de Los Mina

Es más, el Ministerio Público logró acabar con los ruidos en el parque de Villa Carmen, que no es poca cosa.

Sin embargo, Chapman ha demostrado que él y su Tablita son algo así como los “chicos superpoderosos” que están por encima de la Ley y el Orden y pueda burlarse de la Policía, de los fiscales, de los vecinos y del Ayuntamiento de Santo Domingo Este.

Nadie puede con él.

Este empresario se ha convertido en el ejemplo a seguir por todos aquellos que quieran escandalizar y ocupar espacios públicos en completa impunidad.

Desde hace casi cinco años, el Ministerio Público y varios vecinos iniciaron un pleito judicial para intentar lograr recobrar la calma perdida.

Apenas este mes de  mayo fue iniciado el juicio de fondo contra La Tablita, Chapman y su esposa. ¡Cinco años después!

Durante todo ese tiempo, el establecimiento ha continuado siendo el epicentro del ruido y la ocupación de los espacios públicos en la intersección de las calles Rosa Duarte y Juan Pablo Duarte, en Los Mina.

Incluso, en medio de una etapa decisiva del proceso judicial, en La Tablita continuaron sus actividades habituales, como siempre, con lo que Chapman envía a todas las autoridades una señal de poder incuestionable.

Es tan “dichoso” el hombre de “La Tablita”, que debido a una licencia de la jueza presidenta del tribunal en que es conocido su pleitojudicial, ha entrado en escena una nueva Presidenta, lo que obligaría a iniciar el juicio desde el principio.

Sin embargo, ganen o pierdan en los tribunales, los dos ancianos propietarios de La Tablita, Chapman y su esposa, le han demostrado al municipio que ellos tienen poder y que le tiene sin cuidado las quejas de los vecinos, la Policía, el Ministerio Público y la posible sentencia de los jueces.

Anoche nosotros pasamos frente al establecimiento y nos encontramos atrapados en medio de una multitud que tenía a La Tablita como su centro de diversión, y que ocupaba por completo la acera frente a ese establecimiento.

Sus clientes ocupaban ambos lados de la calle y era casi imposible salir de ese infierno.

Como van las cosas, y ante el poder demostrado por Champan y La Tablita, lo mejor que pueden hacer los vecinos es mudarse de ese entorno para no quedar atrapados en medio de los pleitos que allí estallan, a veces mortales.

Y, además, los automovilistas que no estén dispuestos a pelear, les aconsejo que los fines de semana se abstengan de cruzar por ese lugar por una razón sencilla: eso se convierte en tierra de nadie.

¡Ya nada hay que hacer!

Chapman, su esposa, La Tablita y sus clientes están por encima de sus vecinos, del Ayuntamiento, del Ministerio Público, de la Policía y, muy posiblemente, de los jueces.

Para ellos no hay leyes que tengan suficiente poder.

Eso es una muestra de cómo va el país.

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