Linchamientos
Linchamientos

¿Puede ser peligrosa glorificación de la cultura del linchamiento?

Por Robert  Vargas
¿Qué tan peligrosa puede ser la glorificación, la promoción y la aceptación social de la cultural del linchamiento? ¿Debemos los ciudadanos saltarnos todas las leyes para ejecutar por nuestra propia voluntad el “ojo por ojo y el diente por diente” sin que esto tenga consecuencias? 

¿Puede un grupo de personas decidir por sí misma a quien deben asesinar dejándose llevar de la “adrenalina” y luego contar con el aplauso de una parte de la sociedad que no ve en el horizonte las posibles consecuencias negativas para la convivencia del colectivo humano de ese tipo de acción?

Es claro que en la República Dominicana la población está alarmada por la creciente y aparentemente imparable delincuencia y criminalidad.

Esas dos variantes del delito la encontramos entronizadas a todos los niveles.

Existen delincuentes y criminales de cuello blanco, que pagan a sicarios para que actúen en su nombre desde la sombra.

Hay delincuentes políticos que se hacen multimillonarios robando al país.

También los hay que son militares y policías, y hasta periodistas que mienten de forma descarada a la sociedad para favorecer a otros malandros.

Hay de todo tipo de delincuentes y criminales.

Y, es cierto, la justicia no hace cuanto le corresponde. Incluso se conoce el caso de jueces que han sido despedidos por aceptar sobornos y fiscales que han sido condenados por narcotráfico.

A pesar de todo eso, ¿Debemos los dominicanos tirar por la borda todo el ordenamiento jurídico? ¿Cuáles serían las consecuencias?

Es posible que todos quisiéramos tener leyes que se ajusten a nuestros deseos y aspiraciones particulares, pero eso es imposible. Las leyes deben ser las mismas para todos, sin importar que nos gusten o no.

Esa es la garantía de que podamos vivir en sociedad.

¿Puede una multitud impunemente linchar a un presunto atracador mientras este está en condición de total indefensión?

Si aceptamos que la respuesta debe ser “Si”; ¿Cómo deberíamos reaccionar si algún pariente o amigo del linchado va y se toma la justicia en sus manos y comienza a asesinar a los que asesinaron al primero?

Por ese camino, ¿Hasta dónde se llegaría?

No es lo mismo que una persona víctima de un delincuente se defienda en el instante en que es agredido y hasta acabe con la vida del agresor, y que aquella persona logre evitar la muerte y luego que lo tiene dominado, otros vengan y, con su auxilio lo sometan a torturas y lo asesinen.

Todos llevamos “un demonio” dentro y cada cual debe controlarlo puesto que, si lo deja salir, debe saber que su acción tendrá consecuencias.

Las torturas son tan deplorables si la cometen las autoridades como si las perpetran los ciudadanos comunes y corrientes.

Los asesinatos también.

Aunque lo cometa un pastor de iglesia evangélica, un obispo católico violador, cualquier otro religioso,  o un ateo

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