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El chivatismo en la vida pública dominicana

Diferencia entre Odebrecht y otros procesos penales.

Por: Valentín Medrano Peña
La sociedad ha cambiado. Los hombres por ende lo hacen antes, siendo lo primero resultado de lo último. Muchas cosas están en la lista para desapariciones próximas o cambios radicales.

Recientemente, con base en el actual gobierno y su parte en la dominación y administración de la justicia, ha florecido el chivateo como elemento de prueba tendente a la determinación de la responsabilidad penal de otras personas, por lo regular sindicadas de la comisión de actos de corrupción y otros crímenes.

Lo que en la Santa Biblia esta destinado a Judas Iscariote, hoy tiene otros sinónimos en el cotidianismo dominicano, como es el caso del tristemente célebre delator Girón, el primero de su estirpe.

Ser llamado Judas o Girón es lo mismo que decir traidor o fisionomizar la deslealtad.

Independientemente de la toalla lanzada al ring para mitigar la maldición histórica de tener a Judas como el falaz traidor que tramó la perfidia y vendió a Jesús, el Cristo, por unas cuantas monedas para su crucifixión, aún se mantiene esa imagen negativa sobre el Iscariote y sigue siendo símbolo de lo indebido.

Judas no era un testigo. Era un mentiroso presionado, chantajeado, asustado, tentado por el poder y premiado por su falaz confesión, quien para fines del objetivo deseado, dibujó los hechos dándoles una narrativa de ilicitud y plantó pruebas para hacer ver como culpable a un inocente. Los elementos de esta velada traición son el intercambio, los gananciales, la aceptación de coparticipación en los hechos que servirían para la condena, y las mentiras servidas a través de terceros marginales al proceso, tomadas en anticipo de pruebas que no fue recreado en el estrado durante el juicio.

En ese pretérito momento hubo condena judicial a causa de la imposición del poder y su injerencia en la justicia, y luego, una absolución histórica y condena, repulsa y admonición para jueces, fiscales y testigos, cuyas vilezas les marcaron por el resto de sus vidas y de la historia.

En el hoy procesal dominicano, se observan ciertos parecidos, solo en lo procesal, debo insistir.

Varios procesos fueron llevados a efecto en nuestro país en los últimos años con manejos probatorios diferentes: Los casos, Odebrecht y los demás con nombres de animales, poniendo especial interés en este análisis comparativo, en el denominado caso Medusa.

En el primero, Odebrecht, el más grande caso de corrupción internacional en montos y naciones involucradas, según fuentes norteamericanas, de periodistas investigadores, medios tradicionales, etc. no apareció el o los delatores que señalaran al objetivo o Target de aquel proceso.

En tanto que la tónica de los animalescos procesos tienen como ingrediente común a un delator, perdón, a un delincuente arrepentido que admite hechos para imputar a otros con la finalidad de ser excluido del proceso o recibir algunos niveles de venialidad.

Este delator, arrepentido, chivato, soplón, pérfido o traidor, contrario a la lógica de la presunta moralista repulsa contra los corruptos y criminarles, confesos o no, por lo regular es elevado a una condición casi divina, y sus arrepentidos testimonios, bautizados por un acuerdo redentor, hace de lo que sale de su boca, siempre que sea para imputar a otros, palabra de Dios, lo que no ocurrió con el ladrón de la diestra del crucificado Jesucristo, quien solo ganó el cielo por arrepentirse sin procurar dañar a otros.

La sociedad acepta y aplaude sin chistar estos arrepentimientos, sin preguntarse como surgen, cual es el caldo de cultivo de estas figuras cómodamente dispuestas para resolverle los procesos al Estado, y el porque en estos dos casos, Odebrecht y Medusa, no aparecieron de forma igualitaria, y es por ello y para ello que, nos corresponda procurar retratar las similitudes y diferencias entre ambos procesos y procurar unas creíbles conclusiones.

Un elemento común a ambos casos es el líder de la litigación del Ministerio Público, el magnífico fiscal, filósofo y psicólogo, el magistrado Wilson Camacho, por lo que debemos descartarlo como elemento diferenciatorio en estos procesos. Así mismo, el hecho de que estos procesos fueran encabezados por la alta cúpula del Ministerio Público, salvo el hecho de que para con la Medusa, la premier de la Procuraduría se inhibió del proceso un chin, solo un chin, con menos razones que sus continuadores jurídicos en ese proceso.

Entonces, ¿Cuál es la diferencia fundamental entre los procesos? Jejejeje no hay que ser un genio para saberlo, basta una simple observación de los aconteceres. La respuesta es, no podía ser otra, la prisión preventiva, elemento más incidente en el chantaje judicial, la ablandadora de hombres, el elemento extorsionante que, como en cualquier escenario, sumado a ciertas amenazas que puedan alcanzar en infortunio a familiares y seres queridos, tiene la capacidad de convertir en actores a los desgraciados, con la capacidad de recrear sus papeles y ajustarse a un libreto y las literaturas que le exijan.

Ha de recordarse que en el primer caso, Odebrecht, los diligentes y honorables jueces supremos, encabezados por la hoy honorable Procuradora General de la República, jejeje parece una sátira, limitaron la prisión preventiva que pendió sobre los imputados a los que se ordenó la misma, a alrededor de un mes de caución, razón esta que unida al hecho de que, nadie les amenazó con incluir a amigos y familiares y reducirlos a prisión, o que se les hicieran propuestas indecentes con en concurso cómplice de sus propios abogados, un condimento ético del neoprocesalismo dominicano. Este elemento, este crucial elemento, hizo posible que surgiera cuál figura justiciera, un delator, un arrepentido, que, luego de una epifanía, empezara a recordar y admitir y sindicar hechos que hasta entonces negaba, aquellos que hace recordar o surgir el enclaustramiento.

Contrario a ello medusa, el que nos oferta no a uno sino varios arrepentidos, que luego de su alargada e injustificada prisión preventiva, local o extranjera, y contrario a las leyes, admiten hechos más graves que los que se pretenden imputar al Target u objetivo de ese proceso, obteniendo como premio su exclusión ó la disminución de las condenas que les corresponderían de ser hallados culpables.

He ahí la razón por la que tanto se empeña el sistema conjunto en mantener los apremios corporales de los imputados en estos mediáticos procesos, pues al no contar con pruebas marginales a los imputados las obtienen de entre estos, sazonándolos en el calor y las limitaciones de las mazmorras y con la complicidad del chantaje, el uso desmedido del poder, la presión de familiares, los intercambios por debajo de la mesa y, la debilidad carácter de los comprometidos y los llamados a protegerlos.

 

Publicado por Julio Benzant

Periodista- Ciudadoriental.com; el primer periódico en Internet de Santo Domingo Este. CONTACTO [email protected]
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