
Por Carlos Rodríguez
En un momento crucial donde el gobierno del PRM–Abinaderplantea reducir en un 50% la asignación económica a los partidos políticos, la historia y la filosofía de Juan Bosch nos ofrecen una reflexión profunda y vigente. En su obra La Época de Juan Bosch (1971),
Bosch advirtió: “La democracia no es solo una palabra, sino un compromiso con la justicia, la libertad y la igualdad. Cuando se recorta la base financiera de los partidos, se está debilitando el pilar fundamental de esa justicia y esa libertad que tanto luchamos por
mantener.” La historia nos enseña que los recursos públicos destinados a fortalecer las organizaciones políticas no son un gasto, sino una inversión en la estabilidad, la transparencia y la participación ciudadana, elementos esenciales para un sistema democrático saludable.
El pasado nos recuerda que la institucionalidad y la confianza en la democracia solo pueden sostenerse en un marco de respeto y equidad. La Junta Central Electoral, en su reciente comunicado, advirtió que una reducción abrupta e inconstitucional en los recursos a los partidos afectaría la planificación electoral, la logística y la transparencia del proceso.
Como dijo Bosch en 1962, en su discurso en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, “La libertad de un pueblo se mide en la fortaleza de sus instituciones, no en los recortes que puedan hacer sus gobiernos”. La manipulación de fondos y la intención de asfixiar económicamente a la oposición no solo socavan la competencia política, sino que amenazan el ejercicio mismo de la democracia, que requiere financiamiento y confianza mutua para florecer.
En estos momentos, el pueblo dominicano necesita recordar que la verdadera confianza de una nación radica en su capacidad de mantener intacta su institucionalidad y su
compromiso con la transparencia. La propuesta de recortar los fondos a los partidos políticos, además de ser un acto antidemocratico, es un intento de deslegitimar la pluralidad y el derecho de los ciudadanos a elegir libremente. Como enseñó Bosch, “La verdadera democracia es aquella donde todos los actores tienen igualdad de oportunidades, y no
donde se les priva de los recursos necesarios para competir en igualdad de condiciones.” La historia y la ética política nos llaman a defender la institucionalidad y a rechazar cualquier intento de reducir la democracia a una mera apariencia de poder, porque, en última instancia, recortar recursos es recortar el alma misma de nuestra nación.
Hoy más que nunca, debemos recordar que la democracia no es un privilegio que se puede recortar con decretos o leyes arbitrarias. Como expresó Bosch en su ensayo La democracia y su futuro (1984), “La democracia verdadera se construye con justicia, con igualdad de oportunidades y con respeto a las instituciones. Nadie puede pretender fortalecer un país reduciendo sus recursos fundamentales. La fortaleza de una nación radica en su capacidad de mantener viva y vigorosa su institucionalidad, y eso solo se logra con recursos y respeto por la ley.” La historia nos demanda mantener la lucha por una democracia fuerte, que no sea víctima de recortes ni de pretensiones autoritarias, sino un ejemplo de respeto, institucionalidad y soberanía popular.
