José Vásquez
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Un monstruo perturba el ejercicio de la municipalidad en SDE

En consecuencia, la “tiguerocracia” enquistada en el poder con el padrinazgo del Partido de la Liberación Dominicana, ha desatado el miedo y la apatía de participación política de los sectores y personas decentes de la sociedad; solo unos pocos se arriesgan a competir bajo el régimen de desigualdad y peligrosidad que representan las actuales condiciones. (Un monstruo perturba el ejercicio de la municipalidad en SDE)

Por José Vásquez Romero (*)
El reciente asesinato del Regidor José Catalino Sánchez, es una señal dramática de la quiebra del modelo político-social dominicano, basado en el clientelismo, traducido en la prostitución de conciencias y en la compra de voluntades, con el objetivo de elegir a individuos sin talento político ni vocación de servicio, que ven en la gestión de los recursos del Estado un botín para el enriquecimiento.

Aterra observar, cómo en el Municipio electoralmente más importante del país, se ha perdido el sosiego, desde que el crimen político organizado hizo su abrupta aparición, dejando claro que en éste territorio nada ni nadie está seguro. En ésta ciudad y sus periferias, reside más del diez por ciento (10%) de la población nacional, equivalente a un millón trescientos mil (1, 300,000) pobladores, y más de setecientos tres mil (703,000) de estos son votantes.

El bochornoso crimen perpetrado en contra de éste edil, es también un crimen contra miles de electores/as que confiaron en él, la gestión de la función municipal, para los próximos cuatro años, en beneficio de los/as residentes en su respectiva circunscripción. De modo que con su muerte además se mata la esperanza de una comunidad y de una familia, que cifraron en su elección las expectativas naturales de quien resulta ser el favorito de las mayorías en las urnas.

El trauma es mayor, si se ponderan objetivamente los ingentes esfuerzos que hubo de hacer la oposición, para validar la elección de sus candidatos/as, en el marco de una lucha electoral extremadamente desigual; en la que los árbitros estaban parcializados con los candidatos/as oficialistas. Esta realidad tuvo efectos mayores para los/as propios/as candidatos/as, muchos/as de los/as cuales cargaron en sus hombres el costo de una campaña cara, desde el punto de vista publicitario.

De manera que, es difícil evadir la conmoción y el estremecimiento espiritual que provoca, el asesinato de un servidor público, a cambio de cobrar por su cabeza el precio que le fijó el autor intelectual de aquél horripilante acto de sicariato. La sociedad, a escala general, no acaba de despertar de la pesadilla en que se tradujo aquél abominable crimen.

Ahora bien, quienes ven en estos eventos criminales irracionales, actos sorprendentes, no entienden la génesis de ésta desgracia social, ni llegan a comprender la naturaleza y el destino final de la sociedad en que vivimos: nos encaminamos inexorable y vertiginosamente a un naufragio lúgubre que se lleva al abismo, los vestigios de lo que una vez fuera, una comunidad. Pues lo que compartimos es apenas un conglomerado disperso en el que la única regla válida es la ausencia de regla, en el marco de una lógica existencial desgarradora basada en el “sálvese quien pueda”.

En el reverso de la tragedia está otra familia, uno de cuyos miembros se le endilga la responsabilidad del asesinato. De resultar culpable de la acusación que pesa contra él, habría que preguntarse, bajo las órdenes de quién actuó, y a cambio de qué? La situación se complica dado que, el hermano de éste a quien se le acusa, es el suplente a Regidor, quien está llamado a llenar la vacante dejada por el occiso, según lo estipulado en la ley municipal.

Es decir, de resultar veraz dicha acusación, el daño será múltiple: a) irá a la cárcel quien pagó por el crimen, b) también quedará privado de su libertad el matador, c) el edil asesinado no vivirá para ofrecer a la sociedad y a su familia el fruto de su ejercicio, y d) la comunidad de electores/as cargará con la frustración de ver impedido de prestar sus servicios, al candidato preferido desde el Concejo Municipal.

En consecuencia, la “tiguerocracia” enquistada en el poder con el padrinazgo del Partido de la Liberación Dominicana, ha desatado el miedo y la apatía de participación política de los sectores y personas decentes de la sociedad; solo unos pocos se arriesgan a competir bajo el régimen de desigualdad y peligrosidad que representan las actuales condiciones. Por cuanto se requiere, urgentemente, del adecentamiento del ejercicio de la única actividad a partir de la cual la sociedad dominicana y cualquier sociedad del mundo, podrá perpetuarse en el tiempo desde el punto de vista organizacional: La actividad política.

Bajo ésta lógica es racional y comprensible el temor de cierta gente a involucrarse en política; dado que rivalizar con la canalla, implica una doble desventaja: primero, el manejo de cuantiosos recursos financieros en un sistema clientelar, en el que incluso, importantes medios de comunicación e información son puestos al servicio del que paga, hace más atractivo al candidato/a corrupto/a; y segundo, el empleo del sicariato y hasta ejércitos privados.

Atrapado en ésta vorágine se encuentra el pueblo, al que erróneamente suele culpársele de la podredumbre moral que nos consume. No obstante, las masas son las principales víctimas de un proceso, que las instrumentaliza, para explotarlas y mantenerlas arrodilladas, en virtud de la pobreza material y espiritual inducidas, como instrumento de dominación perpetua.

Entonces se impone la urgente necesidad de depurar a los/as candidatos/as, dentro de sus propios partidos, independientemente de que también lo haga el tribunal electoral.

Detener ahora la cualquierización de la actividad política representa, una prioridad impostergable: lo cual implica desarrollar un proceso de formación y capacitación en el prevalezcan los valores morales, dentro de los cuales se cuentan atributos de honestidad, solidaridad, lealtad, compañerismo, camaradería, entre otros.  No puede ejercer como candidato/a representativo/a de la sociedad, alguien con cualidades opuestas a las descritas.

El actual sistema político agoniza, ante la mirada indiferente y culposa de quienes lo contaminaron de manera deliberada, a fin de pescar en mar revuelto. La impunidad fomenta y estimula la criminalidad y todo tipo de delitos; por lo que debido a la ausencia de un régimen de consecuencias y/o la falta de sanción éste sistema hará implosión, sin más alternativa que su reemplazo por un modelo eficiente a todos los niveles.

Como ejemplo de impunidad se recordará que, el 25 de junio del año 2014 fue asesinado el abogado y Regidor Renato de Jesús Castillo Hernández, miembro del Concejo Municipal del Ayuntamiento del Municipio de Bayaguana, quien había denunciado graves actos de corrupción y desfalco, contra el Alcalde de dicho Municipio, Nelson Osvaldo Sosa Marte.

El malogrado abogado y Regidor, por cuya cabeza se pagó, a cinco sicarios, la suma de RD$400,000.00 (cuatrocientos mil pesos), era -al igual que el Alcalde- miembro del PLD. Y a pesar de estar vigente un juicio de fondo en su contra, luego de las pasadas elecciones éste fue favorecido con una orden de libertad, reasumiendo su condición de Alcalde, en razón de una iniciativa aprobada por cinco regidores de ese Concejo municipal. Los abogados consultados en la ocasión, sostuvieron que, el otorgamiento de la libertad del señor Sosa Marte era ilegal, dado que no había probado su inocencia en los tribunales.

De modo que, “aquellos vientos trajeron estas tempestades”: dejar sin sanción un crimen de esas magnitudes, se convirtió en caldo de cultivo para acometer otros actos similares. Pues los sicarios saben que ese tipo de delitos, se resuelve en las cúpulas partidarias de un Partido de la Liberación Dominicana, corrompido hasta los huesos; además sus convicciones y condiciones de sicópatas desde el autor intelectual hasta los autores materiales están conscientes de que, en el presente sistema de impunidad, no habrá sanción para ningún delincuente, si se cuenta con un adecuado padrino político, como los hay en abundancia en los entornos del gobierno y del P L D. ¡Que Dios nos agarre confesados frente a los desmanes de ésta banda mafiosa disfrazada de política!.

Jueves, 15 de septiembre, 2016.

(*) Antropólogo e Historiador, y dirigente político.

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