COVID-19 RD
Confirmados: 106,136 Fallecidos: 2,022 Recuperados: 79,363 Activos: 24,751 Actualizado el: 18 septiembre, 2020 - 2:19 AM (-04:00)
Destacadas de CiudadOriental.comOpiniones

Un juez lloró de impotencia por su honor

COVID-19 República Dominicana

Confirmados:
106,136
Fallecidos:
2,022
Recuperados:
79,363
Activos:
24,751
Actualizado el: 18 septiembre, 2020 - 2:19 AM (-04:00)

Por Manuel Soto Lara
Un juez lloró de impotencia por su honor! Lo reivindicó como el único legado de su fenecido  padre. Lo vi con Edith Febles en la televisión. Sus palabras, en la agonía de su propia defensa, se las tragó el llanto amargo. Es otra víctima inocente de la intervención Norteamericana.

Cuando el poderoso imperio ha invadido nuestra patria, entonces mancillada por sus botas asquerosas, nos hemos levantado con toda la dignidad y con algunas armas. Nos hemos defendido. Y, de alguna manera, entre todos, también lo hemos vencido.

Ahora las intervenciones son gota a gota. Todo el imperio y sus súbditos contra un solo hombre. Así acabaron al hombre que lloró. Miserables  lacayos, cual judas morando en el espíritu de Caín,  entregaron sin razón  su hermano al extranjero.  Otra, no menos oprobiosa,  miseria de la  intervención por goteo. Al crimen de la intervención se suma el crimen de la traición.

Manuel del Socorro presidía uno de esos  tribunales que juzga lo que ya ha sido juzgado. Y como ocurre en esos casos, podía anular el juicio previo o validarlo. Lo anuló, y como es de rigor, también dio sus razones. No favoreció al acusado; para sanear el proceso, ordenó un nuevo juicio.

El Estado, vía fiscalía, pidió la anulación del juicio previo. Habiendo encontrado méritos en el petitorio oficial, lo anuló. Luego, el mismo Estado, satisfecho en su reclamo, cual cuervo devorando el cadáver del que vive, se plegó al imperio, y castigó al hombre. Para justificar el castigo le  imputó corrupción. ¡Costumbre de los malvados!

Yo me había ocupado del tema. En junio del 2017 encaminé mis pasos al Consejo del Poder Judicial. Llevé un documento motivado en el que solicité que se declarase la incompatibilidad del Visado Norteamericano con la función de Juez Penal. De eso este portal, ciudadoriental.org, se hizo eco.

Como era previsible, no me hicieron caso. Lo solicité porque en muchos casos los jueces tienen que decidir entre hacerle justicia a un desafortunado que clama por su inocencia o exponerse a la implacable ira de la  intervención por goteo.

La decisión de los jueces que integraron el tribunal junto a Manuel del Socorro Pérez García no fue objeto de cuestionamiento. Entonces los atacaron en lo moral. El imperio en casa ajena los acusó de corruptos. Y sus vasallos,  la más alta instancia del sistema de justicia, violando derechos fundamentales al debido proceso, le impuso una  indignante doble condena: disciplinaria y moral.

Los acusados ni sus abogados  conocen las pruebas. Así los condenaron.  Es el ejemplo de una justicia colonizada.

Así controlan el sistema de justicia penal. Los jueces tienen que condenar no por  pruebas ni por niveles  de culpabilidad, sino en función de estereotipos. Por eso los clientes de la cárcel son  principalmente pobres, masculinos, jóvenes y sobre todo muy brutos. Están enseñando a los jueces a sancionar, no el crimen, sino la brutalidad del autor.  Así es en la disciplina policial.

Como nos enseña el profesor Zaffaroni,  el que está en capacidad de fundar y fundir un banco no le pasa nada; pero el vulgar que lo asalta va preso; sin embargo, son dos criminales, y el primero tiene más niveles de culpabilidad.  Estamos en un proceso agudo de alienación judicial en el contexto de una justicia penal colonizada.

Los jueces tienen que aprender a condenar por estereotipos. En ese concepto primitivo del positivismo caduco si es culpable o inocente poco importa. Los jueces tienen que aprender que en materia de drogas y lavado de activos, no se juzga, se condena.

No importa que la policía sea corrupta y que fiscales pongan droga, hay que condenar. En esos casos está prohibido hacer justicia, basta con hacer sentencias. Eso  le exige a sus súbditos la intervención  por goteo.

¡Cuánta razón tiene Zaffaroni cuando nos dice que el  infeliz que se roba una lechosa va a la cárcel, mientras el funcionario público que se roba medio país va a dar conferencias a Washington.

La función jurisdiccional en materia penal no solo la han hecho incompatible con la “Visa Gringa”, sino, también, con la dignidad y la humanidad misma de los jueces. Manuel del Socorro es víctima de esa realidad.

Ahora entiendo a Porfirio Díaz, militar y político que gobernó a México por 31 años, cuando exclamó: “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Etiquetas
Botón volver arriba
Cerrar