jueves, 30 de abril de 2026
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Un lío de faldas amenaza acabar con la disciplina en una Dirección estratégica del ASDE

Por Robert Vargas
Lamentablemente, parece que no hay un solo día que el Ayuntamiento de Santo Domingo Este no se vea afectado por algún escándalo, grande o pequeño.

El de este día, aparte de las supuestas amenazas de muerte a una regidora, parece un lío de faranduleros.

Se trata de la pérdida de la necesaria disciplina en cierta Dirección de la alcaldía, solo por la atracción irresistible que sentiría su titular por una falda.

Esa pérdida de autoridad se ha acrecentado después que aquel funcionario escenificó en su oficina un escándalo mayúsculo con su esposa, la que parece sentirse engañada.

Y eso no es nada bueno para el funcionamiento correcto de un Ayuntamiento que debe responder a las necesidades de servicios de un millón de habitantes, más los visitantes.

Según ha conocido Ciudad Oriental por distintas vías, la esposa de cierto Director, (que no es cualquier funcionario), habría llegado hasta el despacho de su esposo a quien habria encontrado despachando con una subalterna, que sería motivos de celos, con razón o sin razón.

Cuando la esposa ingresó a la oficina, el escándalo fue tan grande, que todos los empleados se asustaron y prefirieron «no meterse en ese lío» y abandonaron el área a toda prisa.

Explican que allí se escucharon voces en tono muy elevado y que, cuando la esposa celosa se marchó, ella cerró la puerta con bastante violencia.

Ayer jueves esa era el comentario obligado en muchas de las oficinas del Ayuntamiento de Santo Domingo Este, donde están ocurriendo cosas que nunca habían sucedido.

Definitivamente, se trata de un Ayuntamiento nuevo y sabroso.

El problema es que, al dar ese tipo de ejemplo, se pierde la autoridad y el rendimiento del equipo se desploma, lo que perjudica a la institución y al municipio.

Es posible que tenga poca utilidad que el alcalde sepa eso que ocurre casi frente a sus narices, puesto que dicen que él no escucha a nadie.

Pues, que le vaya bonito.

Y, como diría un cristiano:

-«¡A Dios que reparta suerte!».

Mientras esa suerte llega, quizás sea necesario que alguien ponga algunos puntos sobre las íes.

Un Director o Directora no puede darse el lujo de perder autoridad por ese motivo.

Pero, vamos a estar claros, en pleitos de marido y mujer nadie se debe meter, solo si esos pleitos no afectan al municipio y a sus habitantes.