domingo, 3 de mayo de 2026
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Deporte espontáneo y transformación en la niñez y juventud

Por Crismailin Rodríguez
Vocera de Asoprosado

l deporte, comúnmente conocido como el conjunto de prácticas físicas normadas, es también un estimulante mental que proporciona habilidades al individuo, ayudándolo a desarrollarse socialmente en distintos aspectos de su vida. Áreas diversas del deporte son responsables del desarrollo de valores como la disciplina, la tolerancia y el respeto, los cuales son aplicables en todos los contextos: desde las relaciones interpersonales hasta la interacción consigo mismo.

Poco se habla del poder transformador que tiene practicar alguna actividad física, especialmente en niños, niñas y jóvenes. La producción de endorfinas —conocidas como las hormonas de la felicidad— reduce los niveles de estrés, ansiedad y depresión, haciendo del deporte una herramienta sanadora no solo a nivel fisiológico, sino también psicológico y emocional. Para muchos jóvenes, el deporte puede convertirse en un espacio de refugio emocional, donde canalizan su energía, construyen su identidad, aprenden a gestionar la ira y se alejan de entornos riesgosos, cuidando así su bienestar y seguridad.

Hasta hace unos años, era común observar juegos recreativos y prácticas deportivas en las calles, parques y zonas urbanas, que, aunque eran vistas como simple ocio, distracción o placer, influyeron de forma directa o indirecta en la disminución significativa del riesgo de conductas delictivas en entornos donde la violencia está presente. La explicación es sencilla: el deporte crea un sentido de pertenencia positivo, que fortalece la capacidad de autocontrol y canalización emocional, ayudando a mitigar los efectos de pensamientos negativos, especialmente en contextos donde la violencia suele ser una condición difícil de cambiar de forma directa. Hoy, ese tipo de deporte espontáneo ha disminuido notablemente, desplazado por la inmediatez tecnológica. Las pantallas ofrecen una serotonina rápida, pero volátil, que no deja huellas reales en el bienestar físico ni mental. Mientras tanto, el vacío emocional crece, y con él, la urgencia de reconstruir una cultura deportiva consciente, inclusiva y accesible.

Es momento de visibilizar cuánto influye la práctica deportiva en el bienestar emocional, la convivencia y la seguridad de nuestras comunidades. Especialmente en este tipo de deporte comunitario, formativo y emocionalmente sano, está la semilla de una generación con más control de sí misma, más resiliente y más humana. Invertir en deporte es invertir en salud mental, prevención social y ciudadanía, porque por supuesto que el deporte encarna el poder de transformar comunidades y vidas.