
Por Nelia Rodríguez
os jóvenes regidores del PLD por la Circunscripción 2 de Santo Domingo Este, visitaron el Mercado preocupados por los atropellos que está cometiendo el actual administrador de esa plaza comercial. Se reunieron con la directiva de la Asociación de Comerciantes del Mercado y prometieron buscar una solución al problema.
Doña Tata, una pequeña comerciante que vende vegetales y verduras, lleva más de 30 años levantándose a las 4 de la mañana para ofrecer productos frescos a una comunidad que no puede acceder a un supermercado. A principios de año, Doña Tata decidió hacer un gran sacrificio económico e inició gestiones para obtener un préstamo con el fin de remodelar su destartalada casilla de madera, cuyos palitos parecían a punto de caerse.
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Paralelamente, solicitó el permiso para la remodelación de su casilla, y el ayuntamiento le otorgó la autorización. Semanas después, cuando consiguió el préstamo, pagó su impuesto al ayuntamiento. Sin embargo, cuando ella comenzó la remodelación, el nuevo administrador del mercado elaboró un informe panfletario y alarmista dirigido al inquilino de la cuarta planta, sin pasar por la dirección de ingresos ni el departamento de Servicios Públicos.
El hecho de que el alcalde haya aceptado un informe de un empleado de cuarta categoría, pasando por encima de la cabeza de su superior inmediato, evidencia que el administrador de la ciudad no confía en sus funcionarios o desconoce el orden jerárquico de un ayuntamiento. Cuando se elabora un informe a espaldas del superior inmediato, se trata de un panfleto sin rigor.
Los pequeños comerciantes del Mercado se auxilian de los préstamos de banca solidaria para surtir sus negocios, ya que los intereses en esa institución del Estado son mínimos, lo que les permite vender la canasta básica a precios más bajos. Para ello, necesitan que el administrador les dé una certificación que confirme que son arrendatarios del mercado. Sin embargo, el nuevo administrador, cuando alguien solicita una certificación, promete ir donde el alcalde, para obtener la autorización, y dicha autorización nunca llega, pues quien debe hacerlo no es el alcalde, sino el administrador del mercado.
Volviendo al tema de Doña Tata, me pregunto lo siguiente: en caso de que se detenga definitivamente la remodelación de la casilla de Doña Tata, ¿Quién pagará el préstamo que ella tomó? ¿Por qué a ella, una mujer que ha dedicado su juventud al mercado, se le quiere desconocer el derecho a utilizar un permiso que legalmente solicitó y le fue concedido? También nos preguntamos qué hubiera pasado si Doña Tata hubiera tenido la capacidad de pagar algún dinero por la vía irregular.
¿Qué ha sucedido con los regidores de la Fuerza del Pueblo que han dado la espalda a los comerciantes pobres del Mercado?
Mientras el hacha va y viene felicitamos a los regidores del PLD por su iniciativa del cumplir su deber como representante de la comunidad y lamentamos que el administrador que lanzó tantos excrementos en contra de la remodelación, ahora se encuentre en un callejón sin salida y sin saber cómo limpiar el estiércol que el mismo derramó.
