martes, 2 de junio de 2026
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La Guerra Digital.

Por: Edward Andrés Núñez-Merette P.
as redes sociales se han convertido en el canal de la información y en ocasiones de la desinformación. Evidentemente cualquier persona que desee comunicar algo para conocimiento de todos o de la mayoría utiliza esos medios.

Me he preguntado si esas informaciones que se hacen del conocimiento de los asiduos consumidores de las redes poseen carácter de veracidad.

En países como Brasil, Bolivia, Perú, e inclusive Estados Unidos de Norte América, se han utilizados las mismas para desinformar y para traer consigo el caos y el desasosiego a las sociedades que lo único que aspiran es recibir por esos canales digitales la verdad o por lo menos que se acerque a ella.

Recientemente, me dispuse a leer un libro titulado La Guerra de las Falacias, cuyo autor lo es el Doctor Manuel Atienza Rodríguez, es un compendio de varios artículos que hizo público.

¿Él se pregunta, ¿Qué hacer con los medios de comunicación que no filtran las informaciones que reciben?

Los medios de comunicación tradicionales y la sociedad en general tienen el gran reto de enfrentarse a la desinformación y a las falacias.

La falacia es un fenómeno que está en todos los lados, en toda discusión y contexto, pero también está en los medios de comunicación que son los vehículos a través de los cuales se difunde la información y las opiniones.

Una falacia no resulta tan peligrosa, pero cuando se trata de los individuos que hacen opinión pública, podría ser muy perjudicial. El objetivo de la falacia es hacer valer siempre intereses personales sobre los generales.

Sin embargo debemos tener en cuenta que la democratización de los medios de comunicación, ha propiciado la desinformación, debido a la pluralidad de las voces que ahora pueden fungir como difusores de noticias desde sus propias plataformas.

Pienso es el gran problema que tenemos hoy y vienen como consecuencia de las redes sociales, ahora cualquiera puede intervenir y puede opinar, es un riesgo inmenso porque los que opinan en ocasiones no dominan el tema a tratar.

Esta libertad que se puede confundir como un libertinaje, en la esfera digital ha dado pie a que los usuarios de las redes sociales emitan mensajes o difundan contenido sin ninguna veracidad.

Surge esta inquietud, ¿Cómo pueden los medios y el propio Estado luchar contra este flagelo sin afectar el derecho a la libertad de expresión que tienen los individuos y las propias agencias de comunicación? Pues es simple, el arma más poderosa es la educación.

Lo ideal es que la gente aprenda para que cuando lea algo tenga la capacidad de discernir, porque incluso para una persona culta es difícil, porque nunca se sabe de todo”, desde las escuelas y universidades se debe promoverse el pensamiento crítico.

La educación reflexiva debe luchar con la información fácil, con lo que te llega de una vez, tiene que desarrollar un pensamiento crítico.

Es muy difícil colocar una mordaza a esta generación pues en lo relatico a las falacias porque están en contacto permanente con la tecnología y lo que ella implica.

Es por esta cuestión que se debe incentivar más la lectura y la cual te lleva a un pensamiento más reflexivo, mientras que los móviles no, porque es tanto lo que te llega constantemente que no puedes reflexionar, la gente lee únicamente los titulares, y eso los hace más susceptibles a caer en falacias.

Las falacias son incluso más peligrosas que las llamadas “fake news” (noticias falsas), son “falacias groseras”, porque una falacia exige más elaboración “porque tienes que engañar, pero con apariencia de que es cierto lo que dices, tienes que construir un discurso”.

No olvidemos que muchos de los argumentos que se vierten en la discusión pública y que aparecen día a día en los medios no son otra cosa que falacias, argumentos que carecen de validez pero que muchas veces logran persuadir a la opinión pública o a una parte considerable de la misma.

Desde las escuelas y universidades se debe promover el pensamiento crítico. “La educación reflexiva debe luchar con la información fácil, con lo que recibes, y desarrollar un pensamiento crítico”.

Las redes sociales son un caldo de cultivo para las falacias, porque en esas plataformas la argumentación que acepta criterios diferentes no prolifera y aleja a los jóvenes que consumen sus contenidos del pensamiento crítico.

Entrar en contradicciones en cualquier ámbito, demanda la capacidad de aceptar las diferencias de juicios, para no infringir en falacias. Solo el apasionado o el irreflexivo imagina que la tolerancia no tiene límites. Tomemos como ejemplo los hechos violentos que generó en Francia la publicación en una revista de las caricaturas de Mahoma.

Refutar bien implica ser capaz de detectar las falacias, los artificios, y aportar nuevos explicaciones y razonamientos en un debate. Y darse cuenta de quien se sale del punto de la discusión o planteamiento, lo hace para insistir en su estrategia discursiva falaz.

Lamentablemente una falacia no se combate con otra. Hay que argumentar con razonamientos que evidencien la argumentación que busca engañar o convencer con falsedades. Es importante ilustrarse en la argumentación para rebatir una falacia.

Los jóvenes consumen cada vez más contenido noticioso a través de las redes sociales y esto reduce o limita el acceso a opiniones diferentes, al conocimiento crítico que permite debatir con criterios diferentes, con tolerancia.
Vivimos en una sociedad de rebaño, en la que muchos optan por sumarse a los criterios de otros.