
Por Jesús María Lora
Desde otrora, la llegada de occidente a América Latina ha sido un escenario de debate. Destrucción y construcción a todos los niveles han trastornado la geografía, la política, la cultura, la religión e incluso la fisonomía de los habitantes. Razonamiento reiterado por los historiadores han definido el devenir de la histórico a tres niveles fundamentales: la política, la economía y la religión.
Así como ayer estos tres hitos están más presentes que nunca en esta dinámica de construcción y destrucción social. Y en este sentido, la hermenéutica de comprensión en el escenario global de disputa por los recursos naturales mantiene vínculos con el pasado en: las actuales dinámicas de explotación de los recursos naturales reproducen históricas relaciones de dependencia y extracción entre el norte global y América y las concepciones religiosas occidentales impuestas, aun ligadas a los viejos poderes.
A manera de ejemplificar la breve introducción ya expuesta se puede hacer alusión a fenómenos que están aconteciendo en la caricaturesca idiosincrasia político-económica-religiosa. Por un lado, la verdad nunca había sido tan tergiversada y secuestra hasta el punto pagados por empresas interesadas quieran hacer parecer que, lo que es lo descubre la cantidad de dinero que se invirtió en seudocomunicadores para hacer parecer.
Podría decirse que asistimos a los puntos más alto de desarrollo de America Latina, pero la concentración del poder y de la riqueza nunca había sido tan desigual, evidenciando una tendencia global de concentración de la riqueza. En este sentido, la región nunca estuvo tan amenazada. Sigue sumergida en un escenario sombrío, reflejo de un pasado lejano y cercano donde los recursos parecen seguir siendo administración colonial.
En resumen, existen piratas foráneos de ayer que hoy muestran sus rostros históricos disfrazados de compañías transnacionales. A estos se suman los nuevos piratas nacionales que se abren camino en la repartición del pastel. En otras palabras, el capital disfrazado de tecnicismo científico no conoce de humanismo.
Si, por un lado, la retroexcavadora quiere pasar por encima de poblaciones enteras, argumentando que el uso de las nuevas tecnologías son el dios que alumbra a las sociedades modernas, por otro, niega la existencia del cambio climático, diciendo que es una mera percepción y que el impacto de la explotación de los minerales es minúsculo al medio ambiente.
Ahora bien, ciertamente en la sociedad contemporánea el uso de los recursos naturales no está puesto en duda. Pero, la argumentación de sí se es o no pro-explotación de los recursos naturales no puedo estar fuera del imaginario racional de cualquier persona. El meollo del asunto está en, cómo, cuándo y dónde, lugar y país es viable. En este sentido, razonar y definir meticulosamente la vocación de los territorios es vital para proteger los bienes comunes y asegurar la supervivencia de las presentes y futuras generaciones.
¿No es de necios y de obtusos situar de manera equivalente el mismo valor a categorías o recursos vitales con recursos cuyo valor es relativo? ¿No intentan las empresas extractivas foráneas, ahora respaldadas por aliados locales, introducirnos a la fuerza un modelo de desarrollo que sacrifica la vida, la sostenibilidad y la justicia distributiva en nombre del capital?
Incluso se puede afirmar de manera categórica que recursos relativos como el oro, aún sean utilizados para el desarrollo de nuevas tecnologías y como soporte o seguridad financiera, no puede atentar con el cuidado a largo plazo para la subsistencia de la vida en el planeta.
La historia reciente sitúa a San Juan de la Maguana en el contexto amenazado en el que se encuentra America, región mirada ayer y hoy como lugar de saqueo y enriquecimiento del norte.
Esta provincia situada al sur de República Dominicana se resiste a cambiar su vocación de territorio generador de vida y asegurador del derecho a la alimentación de los ciudadanos de la isla. De igual forma, rechaza categóricamente las ilusiones brillantes como protectores de pantallas que persiguen perforar el corazón de la tierra viva para convertirla en venas sin vida y canteras infernales.
