lunes, 27 de abril de 2026
Santo Domingo Este: 28°C

Rosas Rojas en un Mar de Indignación: 31 Años Sin Narciso González

Por Maribel Nuñez

Amigos y amigas de Taty Ramírez, la incansable esposa del profesor Narciso González, se congregaron el 26 de mayo en un acto de ofrenda floral en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde González fue catedrático antes de su desaparición hace 31 años. Con la participación de profesores, exrectores y autoridades universitarias como la vicerrectora de Extensión Rosalía Sosa, así como amigos del extraordinario Escritor, luego el grupo se dirigió posteriormente al Mar Caribe, en el Malecón de Santo Domingo, frente a la estatua de Fray Antón de Montesinos, para lanzar rosas rojas en la playa en un emotivo homenaje al también Poeta.

A la llegada del autobús de la UASD al Malecón se topó con un obstáculo inesperado. Autoridades del Ayuntamiento que dirige Carolina Mejía, en el monumento a Montesinos negaron el acceso para lanzar las flores, alegando la falta de un permiso previo y que éramos muchos. Esta situación, que provocó un profundo malestar entre los asistentes, fue un duro golpe. Taty Ramírez conversó con una funcionaria del ayuntamiento por celular, quien, a través de una empleada, insistió en la prohibición, afirmando que no podían realizar el acto en honor a Narcisazo. Sin embargo, la determinación de los presentes prevaleció; reclamaron su derecho a estar en un espacio público como las playas dominicanas y, a pesar de las objeciones del personal de seguridad y la empleada, decidieron llevar a cabo su homenaje.

Con rosas rojas en mano, los participantes caminaron hacia el mar. La siguiente sorpresa, y no menos desalentadora, fue encontrar la playa repleta de basura, sobre todo plásticos. Esta lamentable escena evidenció las fallas del Ayuntamiento en el mantenimiento de la playa, pero también la irresponsabilidad de las personas que arrojan desechos a los ríos y al propio mar. La vergüenza de depositar las flores y realizar el homenaje en tales condiciones fue palpable. El Profesor Narciso González, un luchador por las libertades y por una sociedad más justa, no merecía ni la molestia inicial de la prohibición ni la indignidad de ser honrado en un entorno tan contaminado.

Su viuda, Taty Ramírez, visiblemente conmovida, destacó: «Hace 31 años Joaquín Balaguer secuestró y mató a mi compañero y tenemos 30 años viniendo aquí al mar nuestro de los dominicanos a lanzar flores porque no hay lugar donde llevarles las flores, o sea que no hay tumba en donde colocar una flor a Narciso González, y estamos aquí porque nos duele esa desaparición de nuestro compañero, porque no sabemos dónde esos criminales llevaron su cuerpo». Su persistencia en venir a esta parte del malecón, haciendo un paralelismo con otro defensor de los derechos humanos como Montesinos, subraya la ausencia de un lugar físico para su luto.

El profesor Luis de León afirmó que «es una acción dictatorial impedir que se haga justicia, que se haga memoria con un intelectual, luchador social, patriótico, escritor, un maestro que cumplió con su deber, porque el pueblo dominicano reclama en este momento es que se diga la verdad y se aplique la sentencia que tiene el Estado donde debe responder sobre quiénes son los asesinos del maestro inmortal y eterno, Narciso González». Otra amiga participante reclamó su derecho a no pedir permiso para depositar una flor en el mar para Narcisazo, resaltando el apoyo a la familia y la necesidad simbólica de lanzar la flor ante la ausencia de sus restos. La maestra María Hortensia de la Cruz expresó que la plaza Fray Antón de Montesinos es simbólica, y que nadie puede impedir el derecho a expresarse y reclamar justicia en este espacio.

El periodista Miguel Aponte, un colega revolucionario y activista de izquierda, también alzó su voz: «31 años después del vil asesinato, primero sería el rapto, la desaparición forzosa, la tortura y definitivamente el maldito gobierno yanqui balaguerista encabezado por Joaquín Balaguer Ricardo es el responsable no solamente del asesinato de la desaparición de Narciso González, sino también, como vemos en un folleto, editado por el Colegio Dominicano de Periodistas y el Sindicato Nacional de Prensa de Trabajadores de la Prensa –que por cierto hoy han brillado por su ausencia los dirigentes, entre comillas líderes, de estas organizaciones periodísticas– hay que recordar que el régimen yanqui balaguerista también tiene su cuota de responsabilidad en los asesinatos del camarada Orlando Martínez Howley, de Gregorio García Castro ‘Goyito’ y ni qué decir de Guido Gil, periodista activista del Movimiento Popular Dominicano».

Aponte continuó, «Un día como hoy, 26 de mayo de 1994, 31 años después de ese caso que ha conmovido a todo el movimiento periodístico, trabajadores de la prensa y al país, recordamos a Narciso González y una vez más condenamos al asesino Joaquín Balaguer, que no va a quedar así tranquilo en su tumba, sino que todo el tiempo nosotros y nosotras, el pueblo dominicano, los periodistas, los trabajadores de la prensa, estaremos maldiciendo a ese régimen oprobioso, asesino y criminal».

La viuda, Altagracia Ramírez, compartió el profundo dolor que siente al cumplirse 31 años del secuestro y desaparición de su compañero de vida. «Aquí en estas condiciones porque como esas personas lo tomaron y lo mataron y cogieron su cuerpo y lo tiraron al mar entonces la familia no sabe dónde está su cuerpo», lamentó.

«Para mí esto ha sido algo muy serio, porque te quedas en la búsqueda de esa persona». Recordó cómo Narcisazo, días antes de su secuestro, le había dicho a uno de sus hijos que una guagua lo estaba persiguiendo, presagiando la tragedia. La señora Ramírez afirmó que, aunque los responsables sean «multimillonarios», su conciencia no los dejará vivir en paz. Incluso relató una visita al «famoso mercadito de la Fuerza Aérea Dominicana», un lugar que se decía era un centro de tortura. La experiencia de sentir sus piernas temblar y un calor recorrer su cuerpo al entrar al lugar, la convenció de que allí «hay mucho personas que la mataron y están aquí», y que fue el sitio donde Narcisazo fue brutalmente golpeado.

La ceremonia, aunque marcada por las molestias de la burocracia del Ayuntamiento y la indignación ante la contaminación, fue un recordatorio elocuente de la persistente búsqueda de verdad y justicia para Narciso González, un hombre cuyo legado de lucha por la libertad, contra el colonialismo y los derechos humanos sigue vivo en la memoria de quienes lo conocieron y admiran.

Quiero destacar que Narciso era un maestro popular que no se limitaba a las aulas, sino que recorría clubes, compartiendo su profundo conocimiento sobre la cultura dominicana y los procesos históricos. Una de esas ocasiones me marcó profundamente: su visita al entonces distante Manoguayabo, invitado por el Movimiento Cultural. Era una adolescente cuando me bajé de una «ruta 14» en Barahona para llevarle una invitación. Para mi sorpresa, descubrí que era vecino y una figura muy querida por mi tía Luisa Valdez, cuya residencia estaba en uno de esos edificios de la 27 de Febrero, aquellos que Balá construyó para enmascarar la pobreza de San Carlos.

Hoy, reflexiono sobre la inmensa valentía que tuvo al ir de noche a un área bajo el control de la represiva Operaciones Especiales, solo para iluminar a un grupo de jóvenes ávidos de su sabiduría. ¡Que la gloria eterna sea para Narciso, un verdadero combatiente de la libertad!

Rosas Rojas en un Mar de Indignación: 31 Años Sin Narciso González

Amigos y amigas de Taty Ramírez, la incansable esposa del profesor Narciso González, se congregaron hoy 26 de mayo en un acto de ofrenda floral en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde González fue catedrático antes de su desaparición hace 31 años. Con la participación de profesores, exrectores y autoridades universitarias como la vicerrectora de Extensión Rosalía Sosa, así como amigos del extraordinario Escritor, luego el grupo se dirigió posteriormente al Mar Caribe, en el Malecón de Santo Domingo, frente a la estatua de Fray Antón de Montesinos, para lanzar rosas rojas en la playa en un emotivo homenaje al también Poeta.

A la llegada del autobús de la UASD al Malecón se topó con un obstáculo inesperado. Autoridades del Ayuntamiento que dirige Carolina Mejía, en el monumento a Montesinos negaron el acceso para lanzar las flores, alegando la falta de un permiso previo y que éramos muchos. Esta situación, que provocó un profundo malestar entre los asistentes, fue un duro golpe. Taty Ramírez conversó con una funcionaria del ayuntamiento por celular, quien, a través de una empleada, insistió en la prohibición, afirmando que no podían realizar el acto en honor a Narcisazo. Sin embargo, la determinación de los presentes prevaleció; reclamaron su derecho a estar en un espacio público como las playas dominicanas y, a pesar de las objeciones del personal de seguridad y la empleada, decidieron llevar a cabo su homenaje.

Con rosas rojas en mano, los participantes caminaron hacia el mar. La siguiente sorpresa, y no menos desalentadora, fue encontrar la playa repleta de basura, sobre todo plásticos. Esta lamentable escena evidenció las fallas del Ayuntamiento en el mantenimiento de la playa, pero también la irresponsabilidad de las personas que arrojan desechos a los ríos y al propio mar. La vergüenza de depositar las flores y realizar el homenaje en tales condiciones fue palpable. El Profesor Narciso González, un luchador por las libertades y por una sociedad más justa, no merecía ni la molestia inicial de la prohibición ni la indignidad de ser honrado en un entorno tan contaminado.

Su viuda, Taty Ramírez, visiblemente conmovida, destacó: «Hace 31 años Joaquín Balaguer secuestró y mató a mi compañero y tenemos 30 años viniendo aquí al mar nuestro de los dominicanos a lanzar flores porque no hay lugar donde llevarles las flores, o sea que no hay tumba en donde colocar una flor a Narciso González, y estamos aquí porque nos duele esa desaparición de nuestro compañero, porque no sabemos dónde esos criminales llevaron su cuerpo». Su persistencia en venir a esta parte del malecón, haciendo un paralelismo con otro defensor de los derechos humanos como Montesinos, subraya la ausencia de un lugar físico para su luto.

El profesor Luis de León afirmó que «es una acción dictatorial impedir que se haga justicia, que se haga memoria con un intelectual, luchador social, patriótico, escritor, un maestro que cumplió con su deber, porque el pueblo dominicano reclama en este momento es que se diga la verdad y se aplique la sentencia que tiene el Estado donde debe responder sobre quiénes son los asesinos del maestro inmortal y eterno, Narciso González». Otra amiga participante reclamó su derecho a no pedir permiso para depositar una flor en el mar para Narcisazo, resaltando el apoyo a la familia y la necesidad simbólica de lanzar la flor ante la ausencia de sus restos. La maestra María Hortensia de la Cruz expresó que la plaza Fray Antón de Montesinos es simbólica, y que nadie puede impedir el derecho a expresarse y reclamar justicia en este espacio.

El periodista Miguel Aponte, un colega revolucionario y activista de izquierda, también alzó su voz: «31 años después del vil asesinato, primero sería el rapto, la desaparición forzosa, la tortura y definitivamente el maldito gobierno yanqui balaguerista encabezado por Joaquín Balaguer Ricardo es el responsable no solamente del asesinato de la desaparición de Narciso González, sino también, como vemos en un folleto, editado por el Colegio Dominicano de Periodistas y el Sindicato Nacional de Prensa de Trabajadores de la Prensa –que por cierto hoy han brillado por su ausencia los dirigentes, entre comillas líderes, de estas organizaciones periodísticas– hay que recordar que el régimen yanqui balaguerista también tiene su cuota de responsabilidad en los asesinatos del camarada Orlando Martínez Howley, de Gregorio García Castro ‘Goyito’ y ni qué decir de Guido Gil, periodista activista del Movimiento Popular Dominicano».

Aponte continuó, «Un día como hoy, 26 de mayo de 1994, 31 años después de ese caso que ha conmovido a todo el movimiento periodístico, trabajadores de la prensa y al país, recordamos a Narciso González y una vez más condenamos al asesino Joaquín Balaguer, que no va a quedar así tranquilo en su tumba, sino que todo el tiempo nosotros y nosotras, el pueblo dominicano, los periodistas, los trabajadores de la prensa, estaremos maldiciendo a ese régimen oprobioso, asesino y criminal».

La viuda, Altagracia Ramírez, compartió el profundo dolor que siente al cumplirse 31 años del secuestro y desaparición de su compañero de vida. «Aquí en estas condiciones porque como esas personas lo tomaron y lo mataron y cogieron su cuerpo y lo tiraron al mar entonces la familia no sabe dónde está su cuerpo», lamentó. «Para mí esto ha sido algo muy serio, porque te quedas en la búsqueda de esa persona». Recordó cómo Narcisazo, días antes de su secuestro, le había dicho a uno de sus hijos que una guagua lo estaba persiguiendo, presagiando la tragedia. La señora Ramírez afirmó que, aunque los responsables sean «multimillonarios», su conciencia no los dejará vivir en paz. Incluso relató una visita al «famoso mercadito de la Fuerza Aérea Dominicana», un lugar que se decía era un centro de tortura. La experiencia de sentir sus piernas temblar y un calor recorrer su cuerpo al entrar al lugar, la convenció de que allí «hay mucho personas que la mataron y están aquí», y que fue el sitio donde Narcisazo fue brutalmente golpeado.

La ceremonia, aunque marcada por las molestias de la burocracia del Ayuntamiento y la indignación ante la contaminación, fue un recordatorio elocuente de la persistente búsqueda de verdad y justicia para Narciso González, un hombre cuyo legado de lucha por la libertad, contra el colonialismo y los derechos humanos sigue vivo en la memoria de quienes lo conocieron y admiran.

Quiero destacar que Narciso era un maestro popular que no se limitaba a las aulas, sino que recorría clubes, compartiendo su profundo conocimiento sobre la cultura dominicana y los procesos históricos. Una de esas ocasiones me marcó profundamente: su visita al entonces distante Manoguayabo, invitado por el Movimiento Cultural. Era una adolescente cuando me bajé de una «ruta 14» en Barahona para llevarle una invitación. Para mi sorpresa, descubrí que era vecino y una figura muy querida por mi tía Luisa Valdez, cuya residencia estaba en uno de esos edificios de la 27 de Febrero, aquellos que Balá construyó para enmascarar la pobreza de San Carlos. Hoy, reflexiono sobre la inmensa valentía que tuvo al ir de noche a un área bajo el control de la represiva Operaciones Especiales, solo para iluminar a un grupo de jóvenes ávidos de su sabiduría. ¡Que la gloria eterna sea para Narciso, un verdadero combatiente de la libertad!