
Por Manuel Soto Lara
esde la creación de la provincia Santo Domingo mediante la Ley No. 163 del año 2001, la justicia deambulaba errante como un perro sin amo. Era impartida hasta en calurosos y agobiantes contenedores metálicos. Creo que hasta un abogado colapsó.
Aguardábamos esperanzados, abogados litigantes, jueces, fiscales, alguaciles, personal auxiliar, usuarios del servicio y ciudadanos en general, la construcción de una sede judicial reivindicadora de los agravios padecidos durante mas de dos décadas.
Cuando las autoridades anunciaron con rimbombancias la creación de una “Ciudad Judicial”, creímos que ello superaría los palacios de justicias, tal los conocemos. Vana ilusión!
Aunque el anuncio fue hecho por tigueres del partido, que de ordinario son los delincuentes del gobierno, entendimos que sería, reitero, algo mejor que un palacio de justicia. Nos imaginamos, por ejemplo, la ciudad universitaria, o algo así.
Pero una vez inaugurada la obra, la misma, antes que llenar las expectativas, nos ha llenado de frustraciones. Tenemos que reconocer, y lo reconocemos, que es mucho mejor que lo que teníamos en la provincia Santo Domingo; pero eso no quita que sea una obra mediocre en más de un sentido.
Es una obra propia de mentalidades consustanciales a un tercer mundo famélico y propia de un estado absoluto de ponreza. Signada por más de una forma de miseria: económica e intelectual.
Es una lástima que en pleno siglo 21, las mismas autoridades que están conminadas por la Constitución a cumplir las leyes, sean las primeras en violarlas, al no construir la cantidad de parqueos que demanda esa obra de infraestructura urbana.
En lugar de construir al menos un palacio de justicia proyectado al futuro, han construido una “Ciudad Judicial” que ya es obsoleta e infuncional. De haber sido construida hace 40 años ya estuviéramos convencidos de su sustitución por infuncional. Es una obra nueva, más no una obra moderna.
No fue prevista la construcción de parqueos ni siquiera para todo el personal, hasta donde tengo entendido, limitándose a jueces y fiscales. Se trata de una obra no pensada para 50 años de vida eficiente. Por el contrario, repito, ya es deficiente.
Ello está generando un problema para alguaciles y demás personal auxiliar que labora todo el día en la denominada “Ciudad Judicial” de Santo Domingo Este.
Huelga decir que tampoco hay parqueos para vehículos de abogados ni de usuarios del servicio judicial. Ahora, además, a los residentes del entorno se los está llevando “Magaro” con los vehículos aparcados donde quiera.
Hasta pidiendo limosna, y de eso no hubo necesidad porque en la obra habrían gastado unos 4 mil 400 millones de pesos, pudieron construir dos o tres niveles del edificio para parqueos. Para el caso de abogados y de particulares ello pudo significar otra fuente de ingresos para el Poder Judicial. !Las obras públicas deben hacerse bien aunque se cobren los servicios!
No hay seguridad para los vehículos abandonados y menos aún para los objetos dejados en su interior, en las calles aledañas, en ocasiones muy distante de la “Ciudad Judicial”.
Hay instalaciones comerciales cerradas por el Ministerio de la Vivienda que proporcionalmente disponen de más parqueos que nuestra Ciudad Judicial.
No sé si hay salidas de emergencia; pero no he visto señalización de rutas de escape o evacuación para casos de siniestro, lo que podría convertir esa sede judicial en una trampa mortal.
Tampoco se observan extintores, y no me consta que haya personal entrenado en prevención y mitigación de desastre para casos de emergencias. Por eso el Ministerio de Trabajo le cierra los establecimientos a los particulares y los persigue penalmente hasta hacerlos condenar.
El diseño de la obra, a partir de una observación empírica, es poco futurista. Las salas de audiencia son espacios cerrados sin ventilación ni luz naturales para casos de apagón energético. No me imagino trabajar ahí sin acondicionadores de aire.
Hoy tenemos en Santo Domingo Este una insólita “Ciudad Judicial”, con un solo edificio gemelo, construido en el siglo 21, con estándares de habitabilidad funcional por debajo de palacios de justicia construidos el siglo pasado, como el de Santiago, por solo citar uno.
La denominada “Ciudad Judicial”, en lo concerniente a la calidad de la obra, al tamaño de la salitas de audiencia y hasta en la calidad del mobiliario es mediocre en su género y una obra que enuncia pobreza mental y material.
Por ahora, hasta ahí.
