Sucesos

Conozca cómo los dueños de tragamonedas se burlan de las autoridades

Los dominicanos están acosados por la criminalidad y la delincuencia sin que muchos se percaten de que, en el colmado de la esquina o a lado de su vivienda, hay una fábrica en potencia de delincuentes juveniles y de generación de más pobreza.

Una fábrica que está alcance de los niños: los tragamonedas.

La operación de este tipo de negocios es totalmente legal en los casinos, no así en en los colmados y lugares en los que los niños, niñas y adolescentes tienen acceso.

Pero, si es ilegal,  entonces. ¿Cómo hacen los dueños de estos aparatos para burlar a las autoridades, operarlos impunemente e, incluso, desmontarlos rápidamente antes de que un representante del Ministerio Público llegue con las tropas para incautarse de ellos?

El asunto es más simple de lo que cualquiera podría sospechar, pero es increíblemente eficaz  y potencialmente criminal y mortal, por el volúmen de dinero que envuelve su operación.

Solo hay que tomar  en cuenta que el dueño se gana alrededor de 60 mil pesos mensuales por cada tragamoneda y el colmado recibe entre 20 y 25 mil pesos al mes.

Policías cargan un tragamoneda por orden del Ministerio Publico
Policías cargan un tragamoneda por orden del Ministerio Publico

Vamos por parte.

Lo primero es que el Ministerio de Hacienda es la institución que debe cuidar porque la legislación sobre la materia sea respetada, pero allí si hacen los tontos y prefieren mirar para otro lado ante la creciente proliferación de tragamonedas en colmados y colmadones.

De tiempo en tiempo, en el Ministerio de Hacienda hacen alarde de que «destruyen cientos» de estos aparatos.

Pero, ¿Se le ha ocurrido a algún periodista solicitarle a los funcionarios que protagonizan el espectáculo, con rodillo incluidos, que antes de aplastarlos les muestren el interior de estos para ver tienen los dispositivos electrónico que es lo que realmente tiene valor?

Existe la sospecha de que  muchas de esas cajas están vacías.

No solo eso, entre conocedores de ese tipo de negocios es conocida la versión de que, supuestamente, funcionarios de Hacienda venderían a razón de entre 15 mil y 20 mil pesos  a los operadores de los tragamonedas los aparatos  de los que se incautan en operativos en las calles.

Por eso, ha llamado la atención que hace poco el Ministerio de Haciendas informara al país en uno de esos espectáculos de que estaba destruyendo tragamonedas que le habían sido entregados, supuestamente, por el Ministerio Público de la provincia Santo Domingo, a pesar de que esta institución mantiene secuestrados en la sección de cuerpos del delito todos los tragamonedas de los que se ha incautado durante los ultimos meses, según ha conocido Ciudad Oriental.

Así, la mafia que opera los tragamonedas es muy posible que se extienda a las mismas entrañas del gobierno, que dice estar empeñado en combatir la delincuencia, la pobreza y la criminalidad, pero se abstiene de investigar lo que podría estar sucediendo en sus propias narices, en Hacienda.

Lo segundo es que la mafia en cuestión se siente con tanto poder para operar impunemente su negocio, que se cuida de empotrar sus maquinas en las paredes con una solidez y fortaleza mayúsculas.

Desmontar cualquiera de esas maquinas, si no se tienen las llaves correspondientes, requiere del uso de personal con habilidades especiales, como las de un herrero, que use herramientas con ese propósito.

Si esas mafias saben que se trata de negocios ilegales, ¿Cómo es posible que los coloquen de manera tan firme en las paredes?

No les importa que los atrapen co n el cuerpo del delito en plena operación.

Esto es bastante simple: saben que cuentan con el respaldo de sectores poderosos, muy poderosos, entre estos militares, policías, funcionarios y hasta políticos de distintos partidos, pero ahora se han encontrado de frente con el Ministerio Público de la provincia Santo Domingo , que parece dispuesto a llevar la cuestión hasta las últimas consencuencias.

Lo tercero es que, en la cobertura que ha dado Ciudad Oriental a los operativos de incautación de tragamonedas, hemos podido observar que el Ministerio Público llega a sentir cierta frustración porque, al llegar a los lugares donde minutos antes han visto esos aparatos funcionando, ¡se desaparecen como por arte de magia!

Lo que se sospecha es  que entre la fuerza policial existen oficiales superiores que serían propietarios de muchos de esos tragamonedas y recibirían a tiempo de parte de sus compañeros de institución filtraciones de los operativos que están en proceso, con lo que hacen rodar por el suelo el afán de sus superiores por combatir la delincuencia y la criminalidad.

Así, esto se trata de un círculo vicioso: El gobierno dice que combate la pobreza y la criminalidad; algunos de sus funcionarios se benefician de este tipo de negocios aumentando sus riquezas particulares en base a la miseria de la población; en esos juegos comienzan a formarse potenciales delincuentes; oficiales policiales serían dueños de los tragamonedas y después estos mismos oficiales salen a «imponer el orden con mano dura», con sangre incluida.

Todo ocurre ante nuestras narices y con la completa impunidad de los beneficiarios del negocio de los tragamonedas en los colmados y colmadones y la total indiferencia del Palacio Nacional.

VEA LA EXPERIENCIA DE OTRO PAIS CON LOS TRAGAMONEDAS

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